Mazzucato y el iPhone (ii): El mito del Estado emprendedor

Como ya comenté en otra entrada, una de las ilustraciones principales que usa Mariana Mazzucato para validar sus argumentos es el caso del iPhone. Recordemos, la tesis de Mazzucato es que gran parte de la tecnología moderna se debe a esfuerzos dirigidos de investigación estatales, no sólo en ciencia básica, sino de comercialización tecnológica, inversión directa en empresas, préstamos, etc. Esta serie de políticas conforman lo que ella llama el “Estado emprendedor”. Debemos diferenciar este concepto de otro, más razonable, que es el de un Estado que meramente invierte en ciencia básica. Tal cosa es la que suele aceptarse en el mainstream económico, del que está bastante alejada Mazzucato. (Otras críticas que he hecho pueden encontrarse aquí)

En el presente artículo, criticaré sus argumentos y cuestionaré la evidencia que aporta para defenderlos. Como en ocasiones anteriores, las dudosas habilidades de comprensión lectora de la economista permiten atacar sus argumentos con su propia bibliografía. Partiremos de un estudio de toda la bibliografía que aporte en el capítulo para apoyar cada uno de sus párrafos, y completaremos con referencias adicionales allí donde sea necesario.

La crítica está acotada al capítulo correspondiente del libro, en este caso el capítulo quinto. Excluyo algunos elementos que se tocan en el capítulo: el caso de los ordenadores y semiconductores en general y el GPS. Éstos merecen ser tratados aparte. Mazzucato también dice que éstos en gran medida vienen del Estado, así no voy a criticar sus argumentos por duplicado.

El capítulo abre explicando que la historia de Apple y la filosofía stay hungry, stay foolish de Jobs están un tanto mitificadas, pues según Mazzucato

Individual genius, attention to design, a love for play, and foolishness were no doubt important characteristics. But without the massive amount of public investment behind the computer and Internet revolutions, such attributes might have led only to the invention of a new toy – not to cutting-edge revolutionary products like the iPad and iPhone which have changed the way that people work and communicate.

[…]

While the products owe their beautiful design and slick integration to the genius of Jobs and his large team, nearly every state-of-the-art technology found in the iPod, iPhone and iPad is an often overlooked and ignored achievement of the research efforts and funding support of the government and military.

Sigue una discusión del gasto en R&D de Apple, que si bien ha sido creciente en cantidad (Se ha multiplicado por 25 desde 1999, y por más de 4 en los últimos 5 años), no ha mantenido un porcentaje constante de las ventas: Según pasa el tiempo, el gasto en R&D de Apple representa una fracción cada vez menor de sus ventas, según el libro de Mazzucato. Podemos ver que esta tendencia parece haberse revertido en el gráfico enlazado. La economista da un par de interpretaciones posibles a esto: una, que quizá Apple hace un uso extremadamente eficiente de sus fondos, la segunda, más plausible a su juicio, citando al analista Horace Schmidt, es que Apple no es tanto una compañía que desarrolle nuevas tecnologías, sino que es más bien una compañía que integra nuevas tecnologías. Al análisis de Schmidt, Mazzucato añade la coletilla: “tecnologías en muchos casos financiadas estatalmente”, lo que sirve como enlace con la siguiente parte del capítulo, donde detalla qué ha hecho el Estado por Apple, en general.

Estas intervenciones se resumen en tres:

  1. Inversión directa en las etapas iniciales de nacimiento y crecimiento de Apple
  2. Acceso a tecnologías que han resultado de programas de investigación estatales, iniciativas militares o desarrollados por instituciones de investigación públicas.
  3. Política fiscal, comercial y/o tecnológica de apoyo para sostener a Apple en tiempos difíciles.

Inversión

Respecto al punto uno, Mazzucato explicita que Apple tuvo muchos inversores privados: Don Valentine, Arthur Rock, Venrock, Mike Markkula… pero además recibió dinero antes de su salida a bolsa (IPO) en 1980 de la Continental Illinois Venture Corp, que era, en palabras de Mazzucato “una Small Business Investment Company (SBIC), autorizada por la Small Business Administration para invertir en pequeñas empresas”. Para la lista de inversores la economista cita a Rao y Scaruffi 2011 y para el dato de la inversión estatal, a Slater 1983 y Audretsch 1995. No he podido acceder a ninguno de ellos, así que recurro a otras fuentes. Es conocido que Markkula invirtió 250,000$ en 1977 y en Moritz 2009, encontramos que en 1978, Apple logró inversiones de 517,500$, todo ello antes de la entrada de la CIVC.

La CIVC en cuestión, detallan Lazonick y Mazzucato 2013, sería un brazo del Continental Illinois Bank, que había recibido préstamos garantizados del gobierno de EEUU, y que invirtió 500,000$ en Apple en 1978. En este informe de la Reserva Federal de San Francisco, podemos ver que una SBIC es un fondo de capital riesgo privado, que puede estar respaldado por préstamos estatales. Fuentes de la época confirman la inversión de la CIVC, pero se muestran bastante pesimistas con el concepto de SBIC.

Una interpretación más razonable de esto no es que esta fuese una actuación de un Estado emprendedor, sino la de un grupo de accionistas privados que lograron prebendas estatales a través del programa SBIC (la gente de Continental Illinois Bank). No soy el primero en llegar a esta conclusión. Teniendo en cuenta la existencia de inversores privados, y de las ventas y valoración de Apple en aquellos años, la importancia del respaldo estatal de los préstamos de una entidad privada que invirtió en la misma queda enmarcada en un contexto, y relativizada en importancia.

Tecnología

¿Qué tecnologías, según Mazzucato son las que diferencian al iPod, iPhone y iPad de los demás en el mercado, o que permiten su funcionamiento?

Como tecnologías centrales, los microprocesadores, memoria RAM, almacenamiento en disco duro, pantallas LCD, baterías Li-pol y Li-ion, procesamiento de señales digital (DSP) basadas en la transformada rápida de Fourier (FFT), internet, el protocolo HTTP y HTML y las redes celulares.

Como tecnologías adicionales que aportan un toque de distinción a estos productos: el GPS, la navegación con rueda clickwheel, las pantallas multitouch y un asistente de inteligencia artificial manejado por voz (SIRI).

Discos duros (GMR)

Mazzucato comienza por los discos duros, que según ella habrían permitido desplazar al Walkman y al Discman de Sony. Y esos discos duros fueron posibles gracias al descubrimiento que encumbró a Albert Fert y Peter Grünberg al Nobel de Física de 2007: la magnetoresistencia gigante (GMR). El descubrimiento fue paralelo, en 1988.

El problema es que la historia de los discos duros viene de mucho antes del descubrimiento de la GMR. Los primeros discos que empiezan a aplicarla se comercializan en 1997 y el disco que montaba el iPod (de Toshiba) empleaba cabezales con tecnología GMR. El paso del descubrimiento a la fabricación no fue trivial. Fert y Grünberg descubren por un lado el efecto GMR, IBM Research se lanza a investigar y a aplicar la tecnología a discos duros ya en 1991, y de ahí a Toshiba habría sido otro paso, probablemente de venta de la tecnología desarrollada por IBM e Hitachi. Para el caso del propio descubrimiento, la estructura es similar a la que siguieron otros: parten de resultados existentes, y los llevaron al siguiente nivel. La GMR llega a descubrirse tras el esfuerzo durante décadas de miles de científicos, no es algo que surja de repente (Grünberg et al. 1989, Fert 2007).

Mazzucato intenta argumentar, partiendo de McCray 2009a, que la historia de la GMR y los discos duros ilustra el papel del Estado no sólo en la investigación (Esto ya lo dicen la mayoría de los economistas), sino también en el trabajo de facilitar la conversión de ideas científicas en productos manufacturados y comercialmente viables. Dice también que si bien el desarrollo científico más relevante al respecto fue europeo, el gobierno de los EEUU también jugó un papel en la comercialización de la tecnología, basando esto en que el laboratorio de Grünberg estaba afiliado con el Laboratorio Nacional de Argonne y que recibió apoyo del Departamento de Energía. A partir de ahí, compañías desarrollaron la tecnología. Esta evidencia no parece apoyar la idea de que el Estado facilitó la transición de la ciencia al producto. Como dijimos antes, fue IBM la que realizó tal labor.

McCray data el orígen del campo de la magnetoresistencia en las investigaciones, en 1857, de William Thomson (aka Lord Kelvin), y que el entendimiento moderno del spin del electrón (también base de la GMR) data de los trabajos, en 1920, de Pauli, Dirac y Goudsmit. A continuación, científicos en Bell Labs e IBM experimentaron con diversas técnicas para poder producir materiales artificiales, desarrollando tecnologías como la epitaxia de haces moleculares (MBE), para poder construir nanoestructuras. Los aparados basados en MBE fueron cruciales para las investigaciones de Grünberg y Fert, según McCray.

Sobre el papel del Estado en la comercialización, que es por lo que Mazzucato cita a McCray, dice éste que primero se aplicó a la detección de campos magnéticos débiles (James M. Daughton, ingeniero eléctrico de IBM Research y posteriormente de su propia empresa, Nonvolatile Electronics, que fundó en 1989. Fue en IBM Research donde se descubrió también la superconductividad de alta temperatra, en 1986).

McCray confirma lo que contábamos por aquí: fue IBM la encargada de dar el paso crucial desde la investigación hasta el desarrollo comercial:

Companies were eager to apply the nascent form of spintronics to broad er and more lucrative markets. Following the discovery of GMR, scientists at IBM’s Almaden laboratory near San Jose, California searched for other ways to apply it to commercial products. Unlike IBM’s Thomas J. Wat son Research Center in Yorktown Heights, New York, which had a long history of research on semiconductor logic devices, the older Almaden lab had traditionally focused on magnetic information-storage technologies.

[…]

Unlike Fert and Grünberg, who built their samples with the more precise but slower molecular beam epitaxy technique, Parkin’s [IBM researcher] group adopted sputter-deposition equipment. The focus of the Almaden group wasn’t on basic science per se, but on making devices that could be readily manufactured. Parkin’s use of the quicker and cheaper sputtering technique made sense for IBM, a company with extensive experience in fabricating sputterdeposited magnetic-storage media on an industrial scale. As one observer of Parkin’s research later recalled, the British scientist and his colleagues “sim ply engineered the [expletive deleted]” out of the underlying GMR discovery as they made and characterized over 30,000 different multilayer com binations

[…]

IBM eventually used the spintronics research of Parkin and his colleagues to redesign and improve a basic element in the company’s harddisk drives. The Wall Street Journal revealed the company’s innovation with a front-page story in November 1997. Based on the Almaden group’s exploitation of GMR, IBM’s new drives featured exquisitely sensitive magnetic-read heads. Able to store eight times more data than competitors’ equipment while remaining smaller in size, the redesigned read heads set the stage for a subsequent explosion in computer memory that, in turn, help ed make it possible for music lovers to store gigabytes of music and other files on iPods and similar handheld gadgets. IBM licensed its GMR-based technology to other companies and, with in a few years, practically every computer hard drive included a read head based on IBM’s innovation. Firms like Seagate Technology and, for awhile, IBM reaped tremendous profits. IBM’s rapid commercialization of Fert and Grün berg’s basic discovery introduced spintronics into a market worth billions of dollars annually. And while these ubiquitous tools were not ex plicitly marketed as nanotechnology, IBM researchers could boast that, be cause of their research, “everybody has [a] spintronics device on their desktop.”

Una vez que los productos estaban ya entrando en el mercado, el Estado empezó a invertir en ellos:

As products exploiting the GMR effect appeared on the market and more scientists began to do research in what would become known as spintronics, science managers from military laboratories and funding agencies began to take notice. At the same time, major newspapers presented spinbased electronics as a potential new industry paradigm. Journalists struck a tone that comported with a prevailing tendency to predict the end of Moore’s Law by hyping the new electronics technology as the “next big thing” for the industry.

DARPA invirtió a en GMR en 1992,

One of those monitoring nascent GMR-based spintronics was Stuart Wolf. Trained as a physicist at Rutgers University, Wolf received his doctorate in 1969 and initially researched low-temperature superconductivity in metals.44 After three years at Case Western Reserve University, Wolf became a staff scientist at the Naval Research Laboratory, where his work on superconductors held interest for a number of defense applications. In 1993, Wolf accepted a new post as program manager at the Defense Ad vanced Research Projects Agency. DARPA, of course, was no stranger to supporting research for computer and semiconductor applications; for decades, it had funded major cutting-edge programs in areas such as mo lec – ular electronics, integrated-circuit design, and supercomputing.

In late 1992, as part of the transition to the new geopolitical environment, the Department of Defense initiated the Tech nology Reinvestment Project (TRP). Managed by DARPA, the TRP’s purpose was to build stronger links between the commercial and military sectors and help the United States reap a greater share of the anticipated “peace dividend.” The TRP also emerged at a time when established companies like IBM and Bell Labs were cutting support of basic research. The TRP directed over $800 million (with commercial firms providing additional funds) to scores of dual-use technology projects before the program ended in 1996.

One of the modest efforts in the TRP portfolio involved trying to stimulate commercial innovations based on the GMR phenomenon. In 1995, with an initial $5 million from DARPA and matching industry funds, Wolf initiated the GMR Consortium Project. In this program, large companies like Honeywell and newer firms like Nonvolatile Electronics partnered with Wolf’s former colleagues at the Naval Research Laboratory to develop a new form of computer memory

¿Cómo consiguió Wolf que el Estado aceptase su Iniciativa GMR? Plantando una unidad de memoria de un satélite de 40 libras y afirmando poder hacer lo mismo con un chip de cincuenta centavos:

Wolf sold his program by pulling an old memory component from a satellite system and taking it into the DARPA offices. “I plopped it on the di rector’s desk,” Wolf recalled. “It weighed forty pounds and cost a quarter of a million dollars. I said, ‘I’m going to replace this with a fifty-cent chip.’” Wolf’s modest program soon expanded into what DARPA initially called the Magnetic Materials and Devices Project. Unsatisfied with this moni – ker, Wolf suggested a new name—SPin TRansport electrONICS—which he shortened to “SPINTRONICS.” DARPA eventually provided some $100 million to support Wolf ’s SPINTRONICS program. During its six-year lifetime, four companies (Honey well, Motorola, IBM, and Nonvolatile Electronics) took part in it.

El proyecto como tal no era de ciencia básica, sino de ingeniería aplicada, con especial aplicación a la defensa.

It is important to note that applied physics and engineering, not fundamental research, was the program’s primary focus. Through his SPINTRONICS initiative, Wolf helped broker a partnership between commercial and defense interests, an outcome that meshed well with the TRP’s goals.

El resto del artículo, del programa SPINTRONICS y del posterior programa SPINS son básicamente la historia de cómo Wolf, y otros científicos, fueron proponiendo programas de investigación a DARPA, y ésta fue financiándoles. En este caso, según McCray, parece razonable asumir que esta financiación fue efectiva, si bien muestra cierta cautela.

The general pattern of increase in publications and patents throughout the 1990s coincided with the growth of DARPA funding and the development of new magnetic data-storage technologies. While direct causality cannot be assumed, it is reasonable to conclude that the funding Wolf and his colleagues helped make available played a not-insignificant role in fostering the growth of the spintronics re – search community.

Finalmente, sí dice que

The case of spintronics and federal support for nanotechnology in general are suggestive examples of what sociologist Fred Block calls the “hidden developmental state” through which the U.S. government has supported the private sector’s commercialization of new technologies

Pero en base a la lectura del artículo completo, aquí lo que cabe inferir es que se refiere más bien al desarrollo de las mismas (soporte científico) y no a la conversión de éste en artefactos vendibles. Recordemos que los primeros discos IBM salían al mercado antes de SPINTRONICS.

En 2001, DARPA dejó de financiar este sector, y los investigadores no se quedaron de brazos cruzados: salieron a pedir fondos a las empresas, y lo consiguieron.

Finalmente, el artículo critica (como también hace Mazzucato en otro capítulo del libro, para ser justos) el modelo lineal de la ciencia, la idea de que existe una flecha causal entre descubrimientos científicos y aplicaciones de los mismos, y ya está.

To a first order of approximation, the case of spintronics appears to lend credence to the traditional linear model, which posits science as a prime mover for technological applications. As members of the 2007 Nobel committee saw it, an unexpected laboratory discovery in spired IBM’s industrial research and successful exploitation of the phenomenon and consequently billions of computers and iPods followed. The full story, of course, was much more complex, revealing the interplay among basic science, instrumentation, federal policy, industrial research, and commercial goals. One cannot help but conclude that the “simple” linear model, when examined closely enough, is anything but

Finalmente, una versión abreviada, y más legible del artículo anterior, puede encontrarse en McCray 2009b

Click-wheels

La click-wheel no es un componente del iPhone como tal, sino del iPod. Uno podría argumentar que sin iPod no habría habido iPhone y que por tanto la click-wheel fue necesaria para éste último. En cualquier caso, nuestro interés en este apartado es analizar la tecnología subyacente.

Mazzucato empieza diciendo que la click-wheel se beenfició de la tecnología capacitiva, inventada por E.A. Jonhson, que publicó sus primeros estudios al respecto en 1960, mientras trabajaba en el Royal Radar Establishment, una agencia gubernamental británica dedicada a investigación en tecnología de defensa. En cuanto a pantallas táctiles, un desarrollo importante fue el de Bent Stumpe y Frank Beck (1973), así como de Samuel Hurst, que inventó las pantallas táctiles resistivas justo tras salir del Oak Ridge National Laboratory para dar clase durate dos años en la Universidad de Kentucky, y cuandor regresó a Oak Ridge, lanzó una compañía en 1971 para comercializar la tecnología, produciendo la primera versión operativa en 1983.

Los artículos citados aquí son básicamente Buxton 2012 y Brown et. al n.d.

En Brown et. al podemos encontrar que la razón por la que Hurst inventó las pantallas táctiles resistivas no parece haber sido que se hubiese llevado investigaciones de Oak Ridge, sino que simplemente tenía problemas para leer ciertos gráficos: con dos estudiantes, le hubiese llevado dos meses.

He was on leave from the Oak Ridge National Laboratory to teach at the University of Kentucky for two years, where he was faced with a need to read a huge stack of strip chart data. It would have taken two graduate students approximately two months to do the task. He started thinking of a way to read the charts, and during the process, the “Elograph” (electronic graphics) coordinate measuring system and Elographics the company were born. The University of Kentucky Research Foundation applied for and was granted a patent on the Elograph. The Foundation granted an exclusive license to Elographics.

Su empresa comenzó con un modelo muy Silicon Valley: en un garaje, y con pocos recursos:

In 1971, after returning to Oak Ridge, Dr. Hurst gathered nine friends from various areas of expertise to start a company to refine, manufacture and sell this new product. At this point Elographics truly began as a basement business. All work was done from three different basements; sensors in one, electronics in another, and cabinets in still another. The office was located in the home where the sensors were being built before moving to Four Oaks Center in February of 1972. The parts of the product were still being produced in basements at night and on weekends and brought to Four Oaks where they were assembled and shipped.

¿Fue necesario que el gobierno adquiriese grandes cantidades de estas pantallas para hacerlas viables? Parece que no:

Ted Wilmart, one of the first sales representatives, sold over 60 Elographs at a price of $8000 per unit to a carpet company in Dalton, Georgia, who used the product to measure contaminated particle sizes in carpet.

During the time from March, 1971 until December, 1971, 25 units of Model E-100 Elographs were built, and Elographics started a very minor sales campaign. Out of this there were a few sales to end users. The first purchase order for one Elographics Model E-100 measuring system was taken on August 15, 1971 for delivery on November 30, 1971 to Massachusetts Institute of Technology for $995.00. Talk about extended lead-time!

Sobre E.A. Johnson no cuestiono lo aportado por Mazzucato. Para Stumpe y Beck, aparentemente su pantalla estuvo inspirado por el trabajo del primero en una fábrica de televisores. Además, esta pantalla no parece haber sido el resultado de una larga investigación:

In the early 1972, the Danish engineer (who had an experience from a television factory in the early 1960s), working in CERN—Bent Stumpe (see the nearby photo), was asked by Frank Beck, who was in charge of the central control hub in the SPS (Super Proton Synchrotron) control room, to build the hardware for an intelligent system which, in just three console units, would replace all those conventional buttons, switches, etc. In just a few days, in March, 1972, Stumpe came up with a proposal to build a touch screen with a fixed number of programmable buttons, a tracker ball to be used as computer-controlled pointing device (something like mouse) and a programmable knob. The first touchscreens were installed in 1973 and remained in operation until 2008. (History of computers)

Un último detalle es que existió un dispositivo con una pantalla táctil antes del de E.A. Johnson: el intrumento musical Electronic Sackbut , solo que aquí la tecnología no se usaba para seleccionar en un panel con imágenes, sino para generar sonidos.

Pantallas multi-touch

Si por algo son icónicos los smartphone actuales es por la posibilidad de control multi-touch con gestos. Mazzucato remonta la tecnología a Wayne Westerman y John Elias, de la Universidad de Delaware (según Westerman 1999). Westerman era un doctorando bajo John Elias, que estudiaba sistemas neuromórficos en la universidad, como parte del programa post-doctoral conjunto NSF-CIA/DCI. Sus desarrollos fueron comercializados por una empresa que fundaron, Fingerworks, y comenzaron poniendo en el mercado su primer producto, el iGesture Numpad. Esta empresa fue adquirida por Apple en 2005.

El desarrollo de Elias y Westerman fue una serendipia:

Prof. John Elias and I began our Multitouch research in 1996 as a serendipitous outgrowth of neuromorphic systems experiments.  We were interested in training the neuromorphs to memorize multi-point paths, like the patterns sensed by a patch of skin when fingers skim across.  With no multi-touch tablets on the market to capture such patterns, we soon got ‘side-tracked’ building our own, drawing on the same analog VLSI and capacitive circuitry expertise with which we designed silicon neuromorphs.

Y el primer prototipo, financiado por el jefe del departamento en el que trabajaban,

Special thanks to former ECE Dept. Chair Neal Gallagher for funding our first prototype from departmental coffers.

Multitouch research at UD was also supported by grants from the National Science Foundation and the CIA/DCI Post-Doctoral Fellow Program.

La tecnología multi-touch, no obstante, venía de mucho antes. Volviendo a Buxton, citado antes, uno puede leer que éste le atribuye la invención de la primera pantalla multi-touch a Bob Boie, de Bell Labs, aunque hubo bastante trabajo previo: ya desde 1982 había un sistema multi-touch diseñado por Nimish Mehta en la univesridad de Toronto (pero no una pantalla). De modo que no puede decirse que Westerman (Y la relación con el apoyo de la NSF y el programa CIA/DCI) fuese crucial en la invención del multi-touch. ¿Pero, y los gestos?

Según Buxton, tampoco: La tesis de Westerman cita trabajos donde ya se hablaba del gestos, como por ejemplo el VideoPlace de Myron Krueger, un artista digital (video)

Nuevamente, la realidad es más complicada de lo que cuenta Mazzucato, partiendo desde sus mismas fuentes.

SIRI

SIRI surge de una petición de DARPA al Stanford Research Institute (una fundación privada sin ánimo de lucro, si bien su financiación es en gran medida pública) de liderar un proyecto para desarrollar un “asistente de oficina virtual” para asistir a personal militar. Este proyecto tenía el nombre de CALO, Cognitive Assistant that Learns and Organizes, que reunió a 20 universidades de todo EEUU. Posteriormente SRI forma una startup y comercializa SIRI, siendo adquirida por Apple en 2010.

Aquí tampoco cuestiono la interpretación de Mazzucato, pero apuntaré que tecnología similar desarrollada por separado existe: Cortana, de Microsoft, y Google Now, de Google, y a que realmente poca gente usa SIRI. Sin SIRI, el iPhone sería prácticamente igual. Y sin DARPA, también habría sucedáneos de SIRI.

Pantalla LCD

Según Mazzucato, el desarrollo clave para las pantallas LCD surge en los 70, cuando se desarolla el transitor de película fina (TFT) en Westinghouse bajo la dirección de Peter Brody. Este desarollo estuvo casi completamente financiado por el Ejército de los EEUU según Hart y Borrus 1992. La dirección de Westinghouse trató de terminar con la investigación, y Brody trató de llevar su tecnología a varias compañías: Xerox, 3M, IBM, DEC O Compaq, y todas ellas no quisieron comprarle pantallas porque dudaban de su capacidad para producirlas a un coste razonable en comparación con sus competidores japoneses según Florida y Browdy 1991. En 1988, tras recibir un contrato de 7.8 millones de $ de DARPA, establece Magnascreen para desarrollar la tecnología TFT-LCD. Florida y Browsy ven el episodio de la LCD como un problema del sistema de innovación americano: tanto las grandes empresas como los capitaistas de riesgo no desarrollaron el producto, que según ellos, hicieron posible la industria de semiconductores y ordenadores personales (Lo cual entraría un tanto en contradicción con otras cosas que dice Mazzucato sobre semiconductores y ordenadores, pero ese no es el tema de este artículo).

Para retener el liderazgo en TFT-LCD y mantener su fabricación en el país, los principales fabricantes lanzan un consorcio, ADMARC, con apoyo y fondos del National Institute of Standards and Technology, y de aranceles antidumping contra los japoneses, así como contratos de numerosas agencias públicas civiles y militares para comprar estas pantallas.

Mi lectura de este episodio viene a ser que un grupo de empresas hicieron lobby al gobierno de los EEUU para resistir ante la superior tecnología japonesa. Teniendo una alternativa mejor y más barata, no es irracional rechazar invertir en TFT-LCD. Quizá su momento estuviese más tarde, y el proyecto debiera haberse encauzado por vías de investigación a más largo plazo (institutos de investigación y universidades).

Revisemos ahora la evidencia citada por Mazzucato. Primero, Hart y Borrus 1992:

Como es habitual, empezamos a encontrar irregularidades en su historia:

The primary alternatives to CRTs for television displays are liquid crystal displays (LCDs). LCDs were developed initially in the Pittsburgh laboratories of Westinghouse and at the David Sarnoff Research Center (then owned by RCA) in Princeton, New Jersey. George Heilmeier and Richard Williams of the Sarnoff lab first put forward the idea that liquid crystals could be used for displays in 1963. Jim Fergason at Westinghouse began to pursue his own approach to LCDs in 1964. Fergason left Westinghouse in 1970 to found a new company called Liquid Xtal, which later failed due to delays in obtaining patents. Peter Brody, also at Westinghouse, pioneered “active matrix” addressing of LCDs. Brody left Westinghouse in 1979 and two years later founded his own firm, Panelvision, which was sold to Litton Industries in 1985.

El párrafo en el que se basa el libro sí cuadra con la explicación:

In 1972-77, Davies managed the laboratory at Westinghouse which was working on active matrix flat panels. Peter Brody — the originator of the idea of active matrix — was one of Davies’ engineers. The lab had about 25 people funded mostly by money from the U.S. Army. Almost no Westinghouse funds were used. Army Electronics Command wanted electroluminescent (EL) displays because of their utility for night-time viewing. LCD displays were not considered appropriate for military applications. In addition, Westinghouse engineers in the Western Electric Tube Division in Elmira, New York, blocked commercial development of flat panel displays within the company. The money from the government was too little in the wrong place to develop active matrix TFT-LCDs.

Parece que en gran medida las pantallas llevaban un desarollo relativamente independiente, pero que el paso a las LCD-TFT estuvo totalmente financiado por el ejército. Sin embargo, la tecnología fue inventada en Radio Corporation of America por Bernard J. Lechner (Kawamoto 2012) e implementada por su equipo en 1968, en una matriz de 2 por 18. Brody y sus colegas entran en escena en 1974 y finalmente en 1988, Sharp produce una pantalla a todo color de 14 pulgadas, que convence a la industria de que verdaderamente la tecnología LCD-TFT tenía futuro.

Brody fundó de hecho dos empresas: Antes de Magnavision fundó Panelvision, y esa sí tuvo éxito. Ahí parece que empezó a trabajar en la tecnología que luego implementaría en Magnavisión, sin éxito, debido a la necesidad de grandes volúmenes de fabricación para rentabilizarla.

Revisemos ahora Florida y Browdy 1991

Ahí encontramos que en sus orígenes, Westinghouse no se estaba dedicando en solitario al desarrollo de pantallas,

Westinghouse was not alone in these early days of fiat-panel display development. RCA had largescale efforts in both thin-film technology and fiatpanel displays. Other companies-including General Electric, Hughes Aircraft, Raytheon, Zenith, Burroughs, Owens-Illinois, and IBM-were also active in the field. But most of them abandoned their efforts when they failed to come up with a way to produce inexpensive, manufacturable flat-panel displays. By the early 1970s, Westinghouse had the field almost to itself.

También parecen indicar que su trabajo no sólo dependía de contratos militares,

After making the rounds of Westinghouse divisions, Brody got several to sign on in support of the thin-film transistor research. (In the interim, he received military contracts to keep his work going.) At Westinghouse, his biggest supporters were the consumer-electronics division and the electron-tube division. Consumer Electronics was a large and powerful organization with a long history in radios, televisions, and home appliances: The division saw flat-panel displays as away for Westinghouse to gain ground on KCA and others in the television business, where Westinghouse was losing market share.

Y contra Mazzucato, Brody sí logró inversiones tras salirse de Westinghouse tras fundar Panelvision, la empresa que la economista no menciona,

Brody then got the attention of Wall Street venture capitalist Bruce K. Anderson of the venture-capital fund of Welsh, Carson, Anderson and Stowe. Anderson suggested that one of his major limited partners might be willing to fund the outfit. That limited partner turned out to be 3M. Even after being told about the previous turndown, Anderson still decided to proceed. In the brief interim since rejecting Brody’s earlier proposal, 3M had restructured. A new vicepresident now headed technology development, and the venture-capital firm’s proposal became his first opportunity to launch a visible new project. As a major producer of overhead projectors, 3M wanted to use active-matrix technology to make LCD overhead-projector screens. The board of directors took only three weeks to approve an investment of $1.5- million. In November 1980, the new company, called Panelvision, was launched. Panelvision bought equipment from Westinghouse’s old thin-film transistor labs. By the summer of 1981, the firm had rented a building in a Pittsburgh suburb near the Westinghouse R&D center, and begun developing a process for manufacturing active-matrix display products. Seemingly on the verge of pilot production, the company got an additional infusion of venture capital, bringing total investment to almost $4-million. […]

the company became reasonably successful. Between 1979 and 1984, it raised roughly $13-million in six or seven rounds of financing from heavyweight venture capitalists such as Welsh, Carson, Anderson, and Stowe; Drexel Burnham; First Chicago’s venture arm; and several Boston-area concerns. More significant, Panelvision became the first company to bring active-matrix display screens to market. In 1984, the firm began selling experimental products and lab prototypes. They soon had 80 customers in 12 industry segments.

Ahora, el objetivo era incermentar la producción para hacer rentable la empresa, y con la competencia japonesa, se antojaba difícil,

But it was impossible to break even, much less turn a profit, selling on such small scale. The company needed to develop a real manufacturing process and high-volume production capability-and this required more capital. After squabbles between the board and management over how to do this, the board hired Panelvision’s third president in three years, Tim DeSilva. Armed with a new business plan, the company aimed to raise $5-million and move into larger-volume production.

By this time the Japanese had entered the picture. Seiko introduced a color pocket television in the United States, infringing on the original Westinghouse patents for active-matrix displays, to which Panelvision held exclusive rights. The International Trade Commission encouraged Panelvision to bring suit. The company started this process in motion, alerting Seiko of a potential lawsuit. Japan’s entry sounded the death knell for Panelvision. Investors had already been hesitant about moving from R&D into volume production. Now they thought it utterly foolish to try to compete with the Japanese on their strong suit of manufacturing efficiency. The board of directors decided to recoup its investment by puttingthe firm up for sale. A team from 3M evaluated the firm and recommended taking it over, but top management dedined. In 1985, Panelvision was sold to Litton Industries, which wanted to use the active-matrix technology in aircraft-cockpit displays.

Panelvision terminó siendo comprada por Litton, que en lugar de producir pantallas para el mercado de consumo y mejorar su tecnología, se dedicó al mercado de defensa:

Litton-Panelvision began to produce display products for its own defense avionics systems but never ventured into the commercial markets. And while Litton made some significant improvements, it was not in the business of advancing the technology.

Es ahora cuando Brody vuelve a intentarlo con una nueva compañía, pero parece que Brody no era capaz de prometer precios atractivos frente a los Japoneses

Several major US computer makers were excited by the possibilities offered by flat-panel displays. Apple, IBM, DEC, and Compaq each indicated that they would place big orders, but shrank from becoming involved in the extremely expensive undertaking of building a factory that could produce large volumes of flat-panel displays. They believed it was not the job of computer firms to create their own supplier base, especially since they could buy flatpanel displays from the Japanese. The most receptive company was Apple, which was planning its Macintosh portable. Enthusiastic about active-matrix displays, Apple told Brody to bring back a proposal for a factory capable of producing 50,000 units a month. But Apple balked at the price tag. The company ultimately decided to buy screens for its portable Mac from a Japanese supplier.

Pero continuó y en 1987 funda Magnascreen, con el objetivo de fabricar pantallas para el sector de defensa,

Brody decided to rethink his strategy. The Japanese had been concentrating on small displays (10 to 14 inches across), for laptop computers. Brody decided to develop larger (20- to 40-inch) displays for use in military command-and-control systems and in corporate teleconferencing. Brody saw large displays as the key to the next big frontier-high-definition television. The idea was to create a large screen out of smaller active-matrix “tiles.”[…]

The new company, called Magnascreen, attracted significant funding from individual investors close to Wiesner and Leghorn-including John Sculley of Apple and a former chairman of Xerox-and from Ven-West, the venture-capital arm of Westinghouse. All told, the company raised $2.3-million in start-up capital. Leghorn alone eventually put up more than $1-million.

Y confirmando lo que antes he mencionado, para otro caso, el caso del contrato de DARPA parece ser el final de un proceso de lobbyismo:

Despite difficulty raising money, Brodylaunched Magnascreen in 1988. The company bought Panelvision’s original Pittsburgh facility from Litton, and Brody rehired his old collaborator Tom Maloney. Magnascreen sought funding from the Defense Advanced Research Products Agency to develop a 45- inch color display. At the time, DARPA was headed by Craig Fields, who strongly supported industrial policy-the idea that government should channel money to develop technologies key to the nation’s competitiveness. Brody, naturally, became an ardent proponent of industrial policy, lobbying in Washington and writing letters to the popular press. Although Fields’s outspokenness on industrial policy got him fired by the Bush administration, Brody’s efforts paid off for Magnascreen. DARPA awarded the company a $7.8-million contract, of which it has so far provided $2-million

Las compañías de pantallas LCD en EEUU se quejaban de la competencia de las japonesas, y aunque no se encontró evidencia de dumping por parte de éstas, se impusieron pequeños aranceles a su importación (Una tarifa antidumping suele ser superior al 10%, llegando a más del 40% . Es dudoso que unas tarifas tan bajas hubiesen tenido algún efecto significativo)

The situation is so serious that US computer makers are siding with the Japanese against the US display makers. Last July, a coalition of seven US flat-screen producers accused 12 Japanese companies of “dumping” flat-panel displays in the United States at prices well below those in Japan. But at a preliminary hearing before the International Trade Commission, IBM, Apple, Compaq, and Tandy testified against the US display companies. The computer makers insist that they have no choice but to turn to Japanese vendors because domestic companies are unable to produce large volumes of displays. Even the Semiconductor Industry Association (SIA)-which has aggressively challenged “unfair” Japanese trade, and favors an industrial policy to rebuild US consumer electronics- refused to get involved, perhaps fearing retaliation from US computer firms. In its initial ruling in February, the Commerce Department found no evidence of dumping by Hoshiden or Matsushita. It imposed small tariffs of 1.46 percent for Toshiba, 4.6 percent for Sharp, and 2.33 percent for the rest. The department was to make a final ruling in July following on-site investigations in Japan.

While significantly higher tariffs are unlikely, even modest increases may force more US manufacturers of laptop computers to move production to Japan, or convince Japanese display makers to move more production to this country. Sharp is already building a $30-million plant in Camas, Wash., where it expects to produce up to half-a-million portablecomputer displays a year.

Algunas empresas, queriendo intentar recuperar la fabricación americana de LCDs, montan el ADMARC del que hablaba Mazzucato, con 1. 25 millones de dólares de financiación del NIST

Last year, a group of 10 small companies-Cherry Electrical Products, Coloray Display Corporation, Electro-plasma, Magnascreen, Optical Imaging Systems, Photonics, Planar Systems, Plasmaco, Standish Industries, and Tektronix-banded together to form the Advanced Display Manufacturers of America Research Consortium (ADMARC) to develop flat-screen technology. In March, ADMARC received a $1.25-million grant under the National Institute of Standards and Technology’s new Advanced Technology program.

Pero el problema no era la investigación y la tecnología, sino en la fabricación!

While such consortia are a move in the right direction, they are not the answer for the US display. industry. P~esearch consortia, by their nature, focus on high-end R&D or advanced development work-so-called generic or precompetitive technology. They have not had great success in manufacturing, where US industry is weakest. Indeed, we may well see a repeat of the computer-memory-chip story.

El artículo, que presenta cierto tono mercantilista, finaliza con una recomendación para las empresas americanas: mejora continua. El problema no es tecnológico, es organizacional.

US investments in manufacturing must be coupled with deep organizational and management changes. The (mainly Japanese) companies that have succeeded in active-matrix technology have applied a basic formula: continuous process improvements on the factory floor. In these companies, R&D scientists and engineers work alongside factory workers to make sure the manufacturing process works. The factory is a center for innovation, change, and constant refinement. Such perseverance has, more than any other single factor, spelled success for the Japanese in active-matrix technology. This is where we failed and continue to fail.

Con todo, a día de hoy, EEUU no ha logrado ponerse a la cabeza en la fabricación de pantallas LCD, y sin embargo, cada vez tenemos mejores y más baratas pantallas en tamaños más diversos. Si uno mira el mundo desde una perspectiva mercantilista, ciertamente es una derrota para EEUU y la supuesta política mercantilista del mismo. Pero si uno la ve desde el punto de vista de los consumidores de todo el mundo, han salido ganando. Mazzucato le echa en cara a los inversores y empresas americanas no haber querido competir seriamente con los japoneses, y que eso representa un fracaso por su parte. Yo le reprocho el ver eso como un problema.

Como nota adicional: Si los aranceles y demás hubiesen tenido éxito, ¿Se apuntaría Mazzucato un tanto para el Estado emprendedor estadounidense, diciendo que era inviable que los japoneses desarrollasen las pantallas LCD?

Baterías

El siguiente ejemplo son las baterías de litio. John B. Goodenough fue el investigador que abrió el camino en ese sector, recibiendo financiación del Departamento de Energía y la National Science Foundation a finales de los 80 según Henderson 2004 y OSTI 2009. Posteriormente, desarrollos científicos en la Universidad de Texas fueron comercializados por Sony en 1991. En una conferencia del NIST en 2005, Ralph J. Brodd identificaba problemas similares a los de los paneles LCD, y achaca los problemas nacionales al cortoplacismo de las empresas e inversores. Dice Brodd 2005 que el gobierno federal apoyó a pequeñas empresas a través de varias agencias y programas para desarollar su capacidad productiva.

Empecemos a leer. En Henderson 2004 y OSTI 2009 encontramos que Goodenough empezó a desarrollar su tecnología en la Universidad de Oxford, antes de ir a la Universidad de Texas, si bien fue allí donde mejoró sus diseños. La fama internacional de Goodenough, though, se debe a su trabajo de Oxford: la invención de baterías de óxido de litio-cobalto. En general, la historia de las baterías muestra el patrón habitual: múltiples centros de desarrollo, en varias partes del mundo.

En cuanto a Brodd 2005, confirma lo que comentábamos de Goodenough y Oxford. En cuanto al apoyo estatal a pequeñas empresas, está ahí, pero no parece haber tenido gran éxito, salvo para generar baterías para ciertos nichos (sector de defensa y médico). Cabe preguntarse a qué coste.

En este gráfico de Reuters podemos ver quién fabrica baterías LI-ion en la actualidad, y siguen siendo los japoneses, más los koreanos. Idénticos comentarios al caso de las baterías: Las baterías se fabrican y mejoran. ¿Importa dónde se fabriquen?.

Alguien podría argumentar que la batería de Sony es fruto del Estado emprendedor japonés. Según Sony, la historia de su batería es ésta. Se deja al lector el intentarlo.

EL Gráfico

En un post anterior, vimos este gráfico:

Slide1

Ya hemos tenido ocasión de criticar su argumentario respecto a las pantallas LCD, baterías de Li-ion, la click-wheel, las pantallas multitouch, SIRI, y los discos duros. Resta por criticar la DRAM, la compresión de señales, y la tecnología celular, pues como dije aquí no tocaré las tecnologías relacionadas con internet (Internet, HTTP/HTML), GPS y los semiconductores (microprocesadores).

Antes de proseguir, es de interés comentar que el gráfico sale de un diagrama que uno puede encontrar en un informe de la Office of Science and Technology Policy (2006). El informe no tiene notas que apoyen con evidencias el gráfico, que uno puede encontrar, de una forma más reducida, en la página 11. El pie de foto del gráfico dice que investigaciones financiadas por varias agencias públicas contribuyeron al desarrollo de los reproductores portátiles de MP3

Even simple hand-held calculators were rare and expensive at that time. Research funded by the Department of Defense, the National Science Foundation, the National Institutes of Health, the Department of Energy, and the National Institute of Standards and Technology contributed to the breakthrough technologies of magnetic storage drives, lithium-ion batteries, and the liquid crystal display, which came together in the development of MP3 devices. The device itself is innovative, but it built upon a broad platform of component technologies, each derived from fundamental studies in physical science, mathematics, and engineering

Lo que precede al gráfico es algo más dudoso, en base a lo ya argumentado,

And in every case, research funding at NSF, DoE SC, or NIST core (consisting of NIST lab research and construction accounts), has been essential to proceed to the point at which the private sector recognizes a potentially marketable product and invests in its development.

Como mucho, uno podría argumentar a favor de la investigación en ciencia básica, pero poco más. Hemos visto que quienes realmente han llevado a cabo la comercialización efectiva y el traslado tecnológico del laboratorio al mercado han sido empresas. Esto de Estado emprendedor tiene más bien poco.

Fast and Furious: La Fast Fourier Transform

Mazzucato:

The Office of Science and Technology Policy (2006, 8) also documented the role of State support in the digital signal processing (DSP) technology that came about following scientific advancements in the application of the fast Fourier transform (FDT) algorithm during the 1980s. This new signal processing approach enabled real-time processing of sound (such as during a two-way phone call) as well as real-time processing of large audio or multimedia files that can improve the quality of their playback.

Dice el informe que fue en 1965 cuando la FFT revoluciona el procesado de señales. Buscando, llego a que se refiere al redescubrimiento, por parte de Cooley y Tukey del algoritmo de Gauss para calcular la FFT (Heideman 1984), un siglo después. Nótese también que desde Gauss se habían ido haciendo avances en la FFT, y que Cooley y Tukey sólo dieron un paso. Redescubrir a Gauss con este paper, que sí, estuvo financiado por la Army Research Office, trabajando los autores para la Universidad de Princeton no parece una contribución crucial, fruto de un Estado emprendedor. Cooley era trabajador en IBM y Tukey era profesor en Princeton por aquel entonces, como dato adicional. Un desarrollo de matemáticas no parece requerir grandes medios, y Princeton e IBM son entidades solventes, de modo que la contribución de ese apoyo estatal al redescubrimiento de la FFT de Gauss no parece crucial. Si quiere llegar a la hipérbole de decir que este evento es fruto de esa financiación de la ARO, con más razón tendrá que decir que tenemos ese algoritmo gracias a Princeton e IBM, y entonces con esa misma razón podrá afirmar que el algoritmo es un triunfo del sector privado.

DRAM

En este caso, el gráfico apunta a 1960-70 y al desarrollo de la tecnología VLSI. Apunta la financiación básica de IBM y DARPA. Mazzucato le dedica poco espacio, y yo también. Puedes leer la historia de la DRAM aquí y ver cuánta financiacón estatal tuvo. En Itoh (2008) tampoco encontramos influencia estatal. Encontramos IBM, Intel e Hitachi. No cabe afirmar que la DRAM fuese fruto del Estado emprendedor con la evidencia aportada y encontrada. Podría argumentarse que VLSI sí lo fue. Pero junto a todos aquellos items que no he tocado aquí (Y que no son centrales para el iPhone, en la mayoría de los casos), este tema será tratado en una posterior entrada sobre semiconductores y microprocesadores.

Tecnología celular

En el gráfico se dice que el Ejército de los EEUU aportó esta tecnología y se cita el Breakthrough Report (2010) para apoyar esta afirmación. El informe dice

The early foundation of cellular communication lies in radiotelephony capabilities progressively advanced throughout the 20th century with support from the U.S. military

Pero no basa eso en nada, ni desarrolla ese punto. Usar evidencia así para afirmar algo tan controvertido por escrito en un libro es un tanto cutre.

Pero examinemos otra evidencia que podamos tenemer. Vayamos más allá de Mazzucato. ¿De dónde sale la comunicación celular?

En Ghosh (ch. 1, 2010) no encontramos ninguna influencia estatal en el desarrollo tecnológico de la tecnología celular – Sí en el del protocolo GSM, pero eso vino bastante después, y desde luego no del ejército de los EEUU.

Podría ser el Mobile Subscriber Equipment (MSE) de General Dynamics, desarrollado en 1985 para el Ejército de EEUU? Según Ghosh, en 1983 ya había servicios comerciales funcionando en Chicago, en 1979 en Japón y ya en 1960-70 Bell Labs había desarrollado el concepto. De modo que es dudoso.

Nuevamente, dejo en manos del lector el encontrar la conexión entre el desarrollo de esta tecnología y el Estado.

Proteccionismo

El tercer punto de Mazzucato era que el Estado americano ha protegido la propiedad intelectual de compañías como Apple, y luchado para abrirles el mercado internacional. Es al gobierno a quien acude cuando surgen conflictos globales. Dice que Apple tuvo problemas para acceder al mercado japonés en los 80, y que pudo entrar gracias al apoyo del gobierno americano. Además, Apple recibe varios beneficios fiscales, incentivos a la R&D y compras de sus productos or parte de Escuelas públicas.

Incluso aceptando todo esto, habría que cuantificarlo para ver hasta qué punto sirve de algo. La propiedad intelectual es algo que a muchas empresas chinas que fabrican clones del iPhone parece importarles poco, y que podría llegar a ser más perjudicial que beneficiosa. ¿Las guerras de Apple contra el mundo, patentes en mano, realmente son necesarias para permitir el progreso tecnológico? Es dudoso (Boldrin & Levine 2002).

Por otro lado, lo mejor que puede hacerse con este punto es criticar el mercantilismo (Que Apple tuviese que recurrir al gobierno de los EEUU fue debido al proteccionismo japonés.), y pedir el fin de los subsidios a empresas por parte del Estado, como poco, desde el punto de vista de la eficiencia, hasta que se presente evidencia sólida de que eso hace más mal que bien, y eso dista de estar probado.

Conclusión

El capítulo termina así

In sum, ‘finding what you love’ and doing it while also being ‘foolish’ is much easier in a country in which the State plays the pivotal serious role of taking on the development of high-risk technologies, making the early, large and high-risk investments, and then sustaining them until such time that the later-stage private actors can appear to ‘play around and have fun’. Thus, while ‘free market’ pundits continue to warn of the danger of government ‘picking winners’, it can be said that various US government policies laid the foundation that provided Apple with the tools to become a major industry player in one of the most dynamic high-tech industries of the twenty-first century so far. Without the frequent targeted investment and intervention of the US government it is likely that most would-be ‘Apples’ would be losers in the global race to dominate the computing and communications age. The company’s organizational success in integrating complex technologies into user-friendly and attractive devices supplemented with powerful software mediums should not be marginalized, however it is indisputable that most of Apple’s best technologies exist because of the prior collective and cumulative efforts driven by the State; which were made in the face of uncertainty and often in the name of, if not national security, then economic competitiveness.

Esencialmente este párrafo final es falso. Las intervenciones estatales en ciencia que condujeron al iPhone no fueron ni cruciales, ni emprendedoras, ni tan numerosas como intenta mostrar Mazzucato.

Volvamos a preguntarnos qué hace que el iPhone sea el iPhone. Mazzucato podría haber dicho que el Estado inventó el móvil, o el smartphone, pero decidió hablar del iPhone (Por la controversia que supuso generaría, y generó). Lo cierto es que la mayoría de cosas de las que hemos hablado aquí son un tanto irrelevantes para responder a esta pregunta. Si cogemos un iPhone y cualquier otro smartphone de gama alta, no encontraremos que se diferencian en tener o no tener pantalla, procesador, GPS o memoria interna. Eso lo tienen todos los teléfonos.

Lo que hace que el iPhone sea el iPhone, un producto que ha logrado encumbrar a Apple en la posición que ocupa es su diseño, su sistema operativo iOS, una correcta integración tecnológica y un control de calidad cuidado. Todos estos factores son esencialmente internos de la propia Apple. Sin esas cosas tendríamos un smartphone que no sería un iPhone. Esto ha sido lo que ha dado a Apple su ventaja competitiva, la base de su enorme cifra de ventas. Mazzucato trata en otro capítulo – al que volveremos en otro artículo – la cuestión de si el Estado merece parte de los beneficios de Apple. A esto se le puede hacer una triple crítica: primero, la que hemos hecho aquí. El papel del Estado no es el que le atribuye Mazzucato. Segundo, esos beneficios extra, comparativamente, no se deben, en caso de que Mazzucato tuviese razón con la influencia del Estado en la tecnología, a esas investigaciones estatales, sino a factores internos de la empresa. Y tercero, éticamente los planteamientos para hablar de que Apple le ‘debe’ algo al Estado son bastante endebles.

La tecnología en general, y el iPhone como caso particular es una historia compleja. Hablar de que tal inventó esto o cual descubrió aquello generalmente encierra bastantes matices que no debemos obviar a la hora de estudiar la historia de la tecnología. Y desde luego, hablar de un ‘Estado emprendedor’ al que le debemos uno de los smartphone pioneros no tiene ninguna base en la evidencia disponible. El Estado ha sido un actor más, como IBM, Bell Labs, Sony, Goodenough, Brody, o Lechner. La Ciencia y la Tecnología tienen héroes que la hacen avanzar paso a paso, no Dioses sin los cuales el progreso no es posible.

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2 Responses to Mazzucato y el iPhone (ii): El mito del Estado emprendedor

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