Una breve teoría de la innovación

Recientemente  he leído The Enlightened Economy, de Joel Mokyr, que relata la transformación que sufrió la economía inglesa en el periodo 1700-1900, durante la Revolución Industrial. El libro es bastante instructivo en tanto va detallando área por área en cada capítulo. Podemos encontrar desde el impacto económico de la máquina de vapor, los ferrocarriles o la industria textil, pero también qué posibles factores pudieron contribuir a que la Revolución Industrial tuviese lugar en Inglaterra (y Escocia) y no en el resto del mundo, en primer lugar.

El libro es de particular interés para los propósitos de este blog, en tanto corroboran ciertas hipótesis tácitas que vengo haciendo a lo largo de la serie de artículos donde critico el libro de Mariana Mazzucato, The Entrepreneurial State. A la vista de que el libro – que recoge las últimas investigaciones en el campo – corrobora, o en ciertos casos, no contradice – mis hipótesis, creo que es hora de exponerlas.

¿Para qué querríamos una teoría de la innovación?

Si vamos a hablar de innovación, vamos a tener que definir de qué estamos hablando, y en función de cómo definamos estaremos hablando de una cosa u otra. ¿Es innovación un poema? ¿Es innovación un teorema matemático? Un proceso productivo? Un nuevo aparato? Una teoría científica? Un nuevo estilo de diseño?

Esas son las preguntas que debemos plantearnos.

No plantearé aquí una teoría general de la innovación. Este post pretende presentar una teoría breve o acotada de la misma. Por tanto, la definición de innovación aquí hecha es deliberadamente no general, pero sí útil para nuestros propósitos.

¿Qué es la innovación?

Se define innovación

X es una innovación si el surgimiento de X aumenta la eficiencia de consecución de uno o más objetivo/s O del/los campo/s C.

La eficiencia de consecución de un objetivo O se define como el cociente entre una medida del grado de satisfacción del objetivo y una medida del coste de consecución del objetivo.

Un corolario de esta definición es que aunque un invento sea terriblemente malo (Pensemos en el primer avión, incapaz de hacerle la competencia a, por ejemplo, un caballo), si es el primer invento que permite hacer algo, incrementará la eficiencia de consecución de ese algo. En el campo “aviación” la innovación “Wright Flyer” aumenta la eficiencia de consecución del objetivo “vuelo humano motorizado” en tanto incrementa la medida del grado de satisfacción del mismo (Se pasa de una eficiencia de cero a una no nula).

Es decir, que aunque inicialmente no sea útil, la aparición de nuevas tecnologías que permitan cosas antes no posibles también serán innovaciones. Por supuesto, la definición anterior nos permite catalogar nuevos procesos productivos como innovaciones, aunque aparentemente no den lugar a ningún producto nuevo. Pero unos menores costes son también producto de la innovación. Innovación no sólo es tener coches, es abaratarlos para que sean asequibles.

También, dentro de esta definición estaría incluida toda aquella ciencia que sea útil en el sentido antes descrito de incremento de eficiencia. La teoría de la lubricación de Stribeck es una innovación, pero no la teoría de cuerdas, o la cosmología. Esto no quiere decir que persiguiendo el conocimiento cosmológico no se desarrollen innovaciones que sean directamente útiles, más allá del conocimiento científico, sino sólo que el lograr ese conocimiento no satisface ninguna otra necesidad humana más que el propio apetito de conocimiento cosmológico. (Que no es poca utilidad, todo sea dicho. Desentrañar los misterios del universo es una tarea épica)

Descubrimientos, invenciones y aplicaciones

Dentro de la definición de innovación antes descrita, podríamos distinguir varios subtipos:

El primero sería un descubrimiento. Sería el caso de encontrar relaciones constantes, o relativamente constantes entre variables que nos permitan comprender mejor un fenómeno. Un descubrimiento sería toda la teoría cuántica, la mecánica de fluidos y en general casi todo el conocimiento científico (natural), junto a las matemáticas. Estas relaciones son invariantes y se entiende que el descubridor sólo revela lo que ya estaba ahí, no crea.

El segundo caso, la invención, correspondería a lograr por vez primera hacer funcionar un arquetipo funcional que con unas entradas produce unas salidas (resultados). Por arquetipo funcional me refiero a un concepto que agrupa varias aplicaciones que comparten ciertas cualidades. Por ejemplo “cosa que ilumina” es un arquetipo funcional que reúne velas, bombillas o luces fluorescentes. “Cosa que permite desplazarse por tierra” englobaría a coches, bicicletas o trenes. Normalmente un arquetipo puede definirse por una serie de leyes de comportamiento, y si bien los particulares de la implementación de cada uno van a variar, los nuevos descubrimientos que vayan haciéndose permitirán la existencia de más arquetipos, o inventos. El avión no era posible en la Antigua Grecia, aunque la idea de volar como los pájaros ya existiese por aquel entonces.

Para finalizar, una aplicación sería un miembro concreto de un arquetipo funcional. Obviamente uno puede categorizar arquetipos y aplicaciones de manera más o menos arbitraria, pero aún así, creo que la idea resulta útil. Las bombillas de tal serie de tal fabricante, el iPhone de tal año o el cohete Falcon 9 v1.1 de SpaceX son aplicaciones. Se basan en descubrimientos, pertenecen a un tipo de invención (bombillas en general, teléfonos inteligentes, cohetes) y son concretos. Normalmente cuando alguien inventa algo, ese invento es la primera aplicación de ese invento.

Por poner un ejemplo, Maxwell descubrió las leyes que gobiernan el electromagnetismo, Tesla las aplicó (junto a hábiles dotes ingenieriles de prueba y error) para inventar el motor de inducción de corriente alterna y finalmente podemos encontrar un tipo de motor de inducción en los coches que fabrica Tesla Motors.

Si algún día descubrimos una sociedad alienígena avanzada, hipotetizo que sus descubrimientos serán idénticos a los nuestros, sus invenciones también lo serán, pero no así sus aplicaciones, que mostrarán una gran varianza.

Hechos a explicar

¿Qué queremos explicar con una teoría de la innovación? Hay varias cosas, entre las cuales:

  • La innovación lleva produciéndose desde la Prehistoria
  • Se acelera durante la Revolución Industrial
  • Se produce de forma desigual entre las naciones
  • En ocasiones una misma innovación aparece en dos sitios al mismo tiempo
  • Las innovaciones no se producen a saltos, sino que surgen de manera gradual
  • Cuando se produce una innovación, es común que otros estuviesen trabajando en esa misma innovación
  • En una sociedad, la innovación suele estar concentrada en pocas manos, y a menudo con perfiles similares
  • En ocasiones descubrimientos permiten nuevas invenciones. En otras, nuevas invenciones permiten realizar nuevos descubrimientos. La Tecnología y la Ciencia se realimentan.
  • Los recursos dedicados a la innovación aumentan aproximadamente con el PIB
  • Unas innovaciones necesitan de otras para existir

Mi explicación para lo anterior es la siguiente: El ser humano es, por naturaleza, curioso, con variante predisposición a curiosear, entendiendo esto como imaginar lo que no es, y tratar de ver si puede ser. Desde completar el conocimiento (De no saber a saber) hasta alterar la realidad para satisfacer más fácilmente nuestras preferencias (De no ser adaptada a serlo). Nuestras preferencias pueden englobarse en grandes categorías, que bien podrían corresponder a la famosa Pirámide de Maslow: queremos nutrirnos, estar seguros, disfrutar, aprender, llevar a cabo proyectos vitales, etc.

En toda sociedad existe un conocimiento más o menos extendido de qué medios son apropiados para cada fin. Una sociedad primitiva puede saber que si quiere cazar, deberá producir lanzas y útiles para transportar presas. Un ingeniero aeronáutico debe saber que si quiere diseñar aviones, debe, en general, emplear materiales ligeros, turbinas de gas, y formas aerodinámicas. Además, por lógica de la acción humana, siempre intentaremos aumentar la eficiencia de nuestra acción. Esto es, reducir nuestros costes, o aumentar nuestros beneficios en términos de satisfacción de preferencias. Si la tribu se da cuenta de que golpeando una piedra de determinada manera puede afilarse más una lanza, y que ésta sirve para cazar mejor, y además esta mejora compensa el esfuerzo invertido en tallarla, respecto a como se hacía antes, entonces esa innovación se difundirá si el cálculo subjetivo de coste y beneficio resulta similar en la tribu.

De modo que si lo que queremos hacer es relativamente común (No así el contenido específico de la satisfacción de esas preferencias), y las leyes físicas son invariantes, sigue que en un momento histórico dado, existirá un conocimiento común de cómo satisfacer esas preferencias, y ciertas vías por las que se podrá mejorar la eficiencia de los medios empleados. Aquellos individuos más curiosos, atentos, o más duchos en imaginar hipotéticos, serán quienes lleguen primero, en general, a las innovaciones, y de aquí bien podrán compartirlas por altruismo, bien serán imitados, o bien las intercambiarán buscando su propio beneficio. Hoy en día, muchos científicos combinan su pasión por la ciencia (les gusta lo que hacen y además cobran por investigar) con unos ideales de progreso (prefieren un mundo con mejor, mayor y creciente conocimiento científico a uno con menos).

Una breve teoría

Esta breve teoría funciona de la siguiente manera

  1. Existen preferencias comunes, o muy extendidas
  2. Existen medios ampliamente conocidos, al menos dentro de cierta comunidad, sobre cómo satisfacer esas preferencias
  3. El estado de la técnica en un momento dado sólo permite hacer ciertas modificaciones a los medios ya conocidos
  4. En paralelo, nuevos descubrimientos amplían la frontera de lo que era posible hacer, y pueden dar lugar a nuevas invenciones. Y nuevas invenciones permiten construir mejores aparatos que permitan a su vez llevar a cabo más descubrimientos
  5. En vista del conocimiento científico-técnico común, a alguien se le ocurre una forma de mejorar un medio, o descubre alguna nueva relación constante. Ese alguien, probabilísticamente, será alguien más brillante que la media de la población.
  6. La innovación se difunde por la sociedad, ampliando el conocimiento científico-técnico de la misma
  7. Como consecuencia, se produce un aumento de la eficiencia de consecución de algún objetivo, que no necesariamente será el previsto.

Esta teoría no depende, en principio, de nada más que la presencia de una cantidad de personas perspicaces y una cantidad suficientemente larga de tiempo. En otras palabras: toda innovación útil que satisfaga preferencias, dado un porcentaje constante de gasto de recursos en innovación, se hará antes o después, y posiblemente ni siquiera empleando más recursos. Esta última observación surge de la constancia del progreso técnico observado (miremos por ejemplo la ley de Moore, la ley de Swanson, la eficiencia de combustible de los aviones. En general véase Nagy B, Farmer JD, Bui QM, Trancik JE (2013) )).

Esta teoría tampoco depende de individuos o instituciones concretas. Obviamente tener un genio más, o tener instituciones que permitan una mejor comunicación e intercambio de ideas van a ayudar, en el margen, a poder innovar más. Pero sí podríamos predecir que si Tesla, o Einstein o Bill Gates, Ford, Edison, Leibniz o más recientemente, Jobs, no hubiesen nacido, el mundo no sería un lugar radicalmente diferente. Los descubrimientos e invenciones antes o después se hubiesen hecho igual, si acaso hubiésemos perdido alguna aplicación por el camino.

Una prueba más para esta teoría sería estudiar si una población más inteligente es más innovadora, o si tiene mejores instituciones, pues de poco sirve la genialidad si luego no puede expresarse en un ambiente seguro, donde uno puede confiar en los demás, y llevar a cabo interacciones mutuamente beneficiosas. Esto está estudiado y la respuesta es afirmativa. Ejemplos de estos estudios son Rindermann y Thomson (2011), Jones (2012), Jones & Hafer (2012), Jones (2011) y Sufiar, Rosli, et al. (2014).

En conclusión

Ningún innovador en concreto es necesario para el proceso de innovación. Esta es la conclusión más fuerte que sigue si lo aquí esbozado es cierto. Cuando Bernard de Chartres dijera aquello de “estar subidos a hombros de gigantes” llevaba toda la razón. El innovador individual no es un gran genio que de repente saca de la nada su innovación, sino una parte más de una larga cadena de innovaciones, donde él aporta su granito de arena -o su piedra, pues no todo innovador tiene la misma relevancia – a la montaña del saber y técnica humanos.

Podemos perfectamente hablar de que tal científico descubrió esta teoría, o que cual ingeniero desarrolló tal invención, pero hemos de recordar las implicaciones de lo que estamos diciendo, de qué implica descubrir o inventar. Esos innovadores, y no otros, son los que finalmente nos traen sus innovaciones. Su mérito es ese: ser los primeros. Pero no debemos entonces pensar que sin ellos, nadie llegaría. Basta con estudiar Historia y ver cómo surge cada invención y teoría, y los lentos y largos procesos de maduración, y el gran número de individuos que son necesarios hasta que finalmente disponemos de una teoría.

En el caso de Mazzucato, ella critica la visión del héroe visionario de garaje, el empresario übermensch que él solo saca adelante, de la nada, un proyecto. Esta crítica es certera. Pero además debemos criticar la teoría estatal de la innovación que parece querer plantear esta economista. El Estado tampoco es un übermensch; el Estado son personas. Ahora bien, lo que sí podría argumentar, y el debate que podríamos tener, es que con esta organización en concreto se logra investigar más, o mejor, o hacer avanzar más rápido al estado de la técnica y el conocimiento. Pero no que sin ésta el progreso sea imposible. El progreso científico es una montaña de granos de arena. Si le quitas un grano, no deja de ser una montaña.

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