Análisis del Consumismo III: Capitalismo y consumismo

Esta entrada, en vez de redactarla yo, se la externalizo en parte a a este post de Naukas. No voy a volver a escribir lo que otros ya han dicho con suficiente acierto. Me limitaré a matizar la entrada y a ofrecer algunos datos complementarios. Las ideas clave:

  1. La crítica al consumismo y el llamamiento a la frugalidad son algo casi tan antiguo como la propia humanidad
  2. El consumismo es función fundamentalmente de los valores personales, la capacidad de autocontrol y de la renta disponible para gastar. La compra compulsiva consiste en la tendencia a emplear el acto de compra como medio para liberar estrés, frustración o compensar una baja autoestima.
  3. En tanto el capitalismo es la fuerza que más ha hecho por incrementar la riqueza y producción en todo el mundo, el capitalismo es responsable de fomentar uno de los pilares del consumismo.
  4. Idéntico resultado provocaría el aumento de riqueza por un sistema económico alternativo.
  5. El consumo conspicuo (consumo para señalizar unos valores o el estatus) tampoco son algo reciente
  6. El efecto manipulador de la publicidad está ampliamente sobrevalorado. La publicidad tampoco es un fenómeno reciente.
  7. La cura para el consumismo no es hacer voto de pobreza a nivel social o rediseñar el sistema económico, sino la educación en el autocontrol y la reflexión antes de la adquisición de nuevos objetos.

¿Cuántos consumistas viven entre nosotros hoy en día? Las constantes críticas al consumismo podrían hacer pensar que todo  o casi todo el mundo (menos sus críticos, prácticamente) caen en el consumismo. Esta cuestión puede resolverse empíricamente. En García Ureta 2005 pueden verse algunos datos al respecto.  Sobre compra compulsiva, varios estudios citados en la referencia anterior cifran a los compradores compulsivos entre el 1 y el 7% de la población americana. En Alemania, otro estudio (Scherhorn y Reisch 1996) cuantifica los adictos a la compra en el 5%. Aquí hay que destacar una menor prevalencia de la disposición a la compra adictiva en la antigua Alemania Occidental, con un 1% de sujetos fuertemente dispuestos a la compra compulsiva vs un 5.1% en la Alemania Oriental. Una primera explicación es que los valores de la RDA no eran tan consumistas como los de la Alemania RFA. ¿Qué sabemos sobre ello? Tenemos un estudio de Ariely donde la conclusión es que los habitantes de la antigua RDA son más proclives al cometer trampas y a mentir. Por otro lado, sabemos que la RDA tenía un menor nivel de renta que la RFA (Más de 3 veces inferior). Otro estudio más, (Neumer, Raab, Reisch 2005) estudió los patrones de compra compulsiva en la RDA y la RFA en 1991 y 2001, dos años tras la unión de ambas, y 11 años después. Definiendo una escala de compra compulsiva con varios items, se observa que en 1991 la RFA tenía una media de 26,5 y la RDA, de 24,3. En 2001, esos valores habían subido a 29 y 28, respectivamente. Estos valores pueden graficarse.  La renta (Creció mucho más rápido en la RDA tras la unión) explica en este caso la casi completa totalidad de la puntuación en la escala de consumismo. Nótese que son sólo cuatro observaciones, por tanto, si bien la correlación es elevada, tampoco son datos definitivos. El p-valor correspondiente es de 0.0318 En España, otro estudio (Rodríguez 2004) lo cifran entre el 3.4 y el 6.4% de la población adulta gallega. En Vizcaya la cifra según la autora del estudio referenciado es de un 5%. Aunque el 76.65% de la población considera que es un problema habitual o muy habitual, y que debe afrontarse mediante la educación sobre el consumo y el tratamiento de los afectados. Nótese la diferencia entre la percepción social del problema y la prevalencia real del mismo. En EEUU, la cifra rondará el 5.9% (Faber, O’Guinn 1992) o el 2-8% (Black 1998). Otros autores (Dittmar, Beattie, Friese 1995) hablan de cifras del 10% en UK y también del 10% en EEUU (Hanley, Wilhelm 1992). En todo caso, la medida del porcentaje de consumistas se considera a día de hoy algo muy tentativo, en tanto el propio concepto es difícil de definir y medir. Nótese también que las fechas de los estudios no son las mismas.

¿La riqueza nos hace más felices? En general, sí. Tener más renta no sólo permite hacer más cosas que puedan gustarnos (“El dinero no te da la felicidad, pero te pone fácil conseguirla”) sino que además da seguridad frente a la incertidumbre, lo cual redundará también en bienestar psicológico. Aquí hay más gráficas, aunque estos resultados deben cogerse con pinzas. Medir un concepto tan subjetivo como la felicidad es algo muy difícil. Habrá individuos que son igual de felices independientemente de la renta (una suerte de budistas o epicúreos) y los habrá cuya felicidad dependa exclusivamente de lo que puedan comprar. La negación de esta conclusión se conoce como la Paradoja de Easterlin: el hecho de que la renta deja de aumentar la felicidad a partir de cierto nivel. Recientemente hubo un debate sobre ese tema en el blog Pompeunomics

¿Y el materialismo? Los valores materialistas (gusto por el lujo, importancia de las posesiones personales, considerar la adquisición de bienes como logros importantes en la vida, admirar a aquellos que tienen más, o comprar cosas que impresionen a otros) tienen cierta correlación con un mayor grado de tendencia al consumismo (Dittmar 2005, Dittmar 2014) y con una menor felicidad (Van Boven 2005). Van Boven indica además que sí hace más feliz gastar dinero en conseguir experiencias (viajes, comidas con amigos, irse a esquiar), lo que da cierta validación a la hipótesis de que el dinero sí da la felicidad, no directamente, sino a través de la compra de cosas que permiten realizar experiencias que llevan a la felicidad (y no la compra de cosas sin más)

Dicho esto, paso a responder a la crítica realizada aquí al primer post de esta serie. La crítica es, aparte de cierto desacuerdo con mis definiciones, que si bien el capitalismo es posible gracias al ahorro, el ahorro se produce para posibilitar satisfacer los deseos de los consumidores de tener a su disposición más y mejores bienes de consumo en el futuro. […] a acumulación de capital sirve única y exclusivamente para posibilitar un mayor consumo futuro del que sería posible en caso de haberse acumulado dicho capital. La función de la acumulación de capital es permitir que los que ayer se veían condenados a conducir un Seat 600 durante 15 años puedan hoy elegir entre un Mercedes Benz y Audi A5 y además cambiar de coche a los cinco años.

También

Pero el capitalismo prospera, también, gracias a multitud de actores que no ejercen el papel de capitalista pero que también contribuyen a que ese proceso de acumulación de capital sea exitoso y en constante crecimiento.

Y

uno de esos papeles sociales fundamentales es el del consumidor. Ya he explicado el papel económico del consumidor, así que ahora nos centraremos en el elemento psicológico, social y moral. […] Para bien o para mal (no entro aquí a valorar el componente moral) el capitalismo requiere del deseo de acumular, y esa idea, sostenida en lo que Fromm llama la mentalidad de tener, es la que permite progresar al sistema económico en su conjunto (como muy bien reconoce Artir cuando habla del deseo de acumular capital). […] Así, por lo tanto, tenemos que el capitalismo fomenta el proceso de acumulación de capital (primera manifestación de tener) pero que como ya hemos señalado en el apartado anterior la acumulación de capital es solamente un medio instrumental (tanto en el individuo actor como en el sistema económico en su conjunto) para gozar en el futuro de más y mejores bienes para consumir, esto es instrumental al consumismo futuro (segunda manifestación de tener). Pero teniendo además que romper con las antiguas manifestaciones del reconocimiento social y el éxito, el capitalismo se ve obligado a basar todo el reconocimiento social y el éxito en la capacidad misma de acumulación, tanto de capital como de bienes de consumo (tercera y última manifestación clara de tener). Así, en el sistema capitalista el reconocimiento social parte, en buena medida, de la fortuna acumulada o de los signos externos que parecen poner de manifiesto el éxito en los negocios o en la actividad profesional (es decir, en el sistema económico): los coches que se conducen, la ropa que se viste, la casa en la que se vive, los viajes de ocio que se realizan, etc. parecen ser el sustituto capitalista del origen familiar, el credo religioso, las victorias en la batalla o la actividad pietista al servicio de la fe. Y Para finalizar una breve consideración respecto a lo ya dicho (y que a mi juicio contesta satisfactoriamente al reto planteado por Artir en su blog).

El consumismo es una de las formas ideológicas propias del capitalismo. La voluntad de consumir más y mejor porque eso constituye nuestra propia identidad y nos otorga el reconocimiento social perdido no es simplemente una consecuencia más del sistema económico. Es una creencia que permite a las personas verse sujetos a las prácticas sociales y productivas que permiten el progreso económico del sistema. Dicho de otra manera: la voluntad de un mayor consumismo es la idea que incentiva a las personas a cumplir con su papel en el seno de un sistema económico capitalista. Conforme las pautas sociales tradicionales se han ido perdiendo o debilitando, la mentalidad del tener y el consumismo han ido tomando su lugar progresivamente. Esto no es un “byproduct” o externalidad de lo que significa el sistema económico capitalista, sino que responde a la propia lógica productiva y de crecimiento implícita en el sistema económico. […] Desde el seno del propio sistema capitalista, también se da una adecuada respuesta a esa mentalidad del tener y a ese consumismo, desarrollando instituciones y líneas de negocio pensadas para fomentarlo. El papel de las instituciones del sistema financiero con elementos como los llamados “préstamos al consumo” o el creciente impacto a lo largo del último siglo de la publicidad comercial masiva (y, en ocasiones, invasiva) son buenos ejemplos de ello. No son simples respuestas pensadas para dar solución a una necesidad que “está ya ahí”, no. Son mecanismos que algunos agentes que operan en el sistema (como las corporaciones mercantiles) crean y utilizan para generar ellos mismos dicha necesidad, una generación de necesidad que incide en la propia retroalimentación del proceso de acumulación y consumismo que permite crecer y prosperar al sistema económico en su conjunto. […] Por lo tanto no es solamente que no es sostenible caracterizar al consumismo como anticapitalista; sino que la propia lógica inherente al desarrollo capitalista conduce a una ideología consumista creciente como forma continuada de fomentar la acumulación de capital y un mayor número de pautas de consumo en el futuro.

En resumen, se me critica que

  1. Aunque el ahorro sea necesario para el capitalismo, el fin último del ahorro es permitir un consumo futuro mayor
  2. El capitalismo real, aunque surge de las virtudes burguesas que cito, el capitalismo requiere el deseo de acumular para permitirle desarrollarse
  3. En el capitalismo, todo el reconocimiento social y el éxito radica en la capacidad de acumulación y de tener bienes y realizar acciones que simbolicen ese éxito: coches, mansiones, viajes. En sustitución de las virtudes tradicionales familiares, religiosas o bélicas.
  4. El consumismo es una ideología propia del capitalismo: el consumir más constituye nuestra identidad y otorga reconocimiento social, y eso es necesario para permitir el progreso del capitalismo.
  5. El propio sistema capitalista genera instituciones que facilitan el consumismo: préstamos al consumo y publicidad. No se satisfacen necesidades dadas, sino que se crean.

A esto respondo:

  1. Sí, eso es cierto. Que el objetivo último del ahorro sea el posterior consumo de lo ahorrado, por uno o por otros es una necesidad de la lógica de la acción humana, dadas las definiciones de ahorro y consumo. Pero esto es universal: si en un sistema económico hay ahorro, ese ahorro será pensando en el consumo futuro, sea o no capitalismo. No debe confundirse tampoco mayor consumo futuro con consumismo, según he ido exponiendo qué entiendo por consumismo en estas líneas.
  2. También es cierto. Si nadie quisiese acumular, no se ahorraría. Si no se ahorra, no hay capitalismo. Ni riqueza, en ningún sistema económico. Ahora bien, si ese deseo de acumular no es del capitalista sino del consumidor, vamos al siguiente punto:
  3. Discrepo. Sí es cierto que en el sistema social actualmente existente (Y como dije y se recuerda en la crítica, un sistema social es más que el sistema económico), gran parte de lo que se considera éxito es tener cosas. Yo considero que eso es erróneo. En la sociedad actual hay capitalismo y hay de eso, y en parte hay eso porque hay capitalismo, pero el signaling y el consumo conspicuo no son algo nuevo, como se comenta en el post que abre esta entrada. Una sociedad capitalista es perfectamente compatible con la eliminación de la opulencia, el estoicismo, o el budismo. Yo pienso que la felicidad debería depender en mayor grado de nuestra propia disposición ante el mundo y no tanto de lo que vaya ocurriendo a nuestro alrededor (ganancias o pérdidas de bienes, o incluso de relaciones humanas, en el caso de pérdidas de felicidad).
  4. Es una fusión de los puntos 3 y 2. Sin consumidores no hay capitalismo. Sin alguien que consuma el producto del ahorro invertido no se ahorrará, pero un consumidor no es un consumista.
  5. Cierto. Los empresarios quieren que sus productos sean consumidos y por ello hacen saber de su existencia (publicidad) y, por otra parte los bancos facilitan su adquisición (préstamos al consumo). Además, las necesidades concretas pueden decirse que se crean. Las necesidades básicas es más dudoso: la gente desde siempre ha querido comer, beber, disfrutar, comunicarse con otros, socializar, aprender. La coca-cola, Facebook, Twitter o los libros de Althusser crean necesidades partiendo de esas necesidades básicas. Cada vez que sale un libro nuevo, uno puede tomárselo de dos maneras: a) Como la posibilidad de disfrutar de una manera diferente o b) Como fuente de sufrimiento al generarse la necesidad de tener y leer ese libro. Lo sano es a), y lo consumista es b).

La crítica es pues esencialmente correcta en lo que expone, pero incorrecta en sus conclusiones: a pesar de que el ahorro tenga como fin el consumo, que hoy en día se valore mucho lo material y que el sistema capitalista tienda endógenamente a incentivar el consumismo (mediante una mayor riqueza y aprovechando mecanismos como los préstamos al consumo y la publicidad), el consumismo sigue siendo una ideología anticapitalista, o como poco, el consumismo no guarda una relación intrínseca con el capitalismo.

Un mundo sin consumismo – y con capitalismo – es posible pero difícil. Es luchar contra sesgos evolutivos y contra pasiones muy enraizadas en la naturaleza biológica de ser human. Pasiones que no nos llevan necesariamente a la felicidad, sino a una carrera armamentística por tener más. Pero como he tratado de demostrar, el capitalismo no necesita del consumismo para existir, y la desaparición del consumismo nos llevaría a mayores cotas de ahorro (por tanto, de riqueza futura), una sociedad más responsable y seguramente más feliz. Por tanto, parece algo por lo que trabajar.

EDIT: Esta lectura resulta interesante http://online.wsj.com/articles/can-money-buy-happiness-heres-what-science-has-to-say-1415569538?mod=trending_now_1 

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One Response to Análisis del Consumismo III: Capitalismo y consumismo

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