Análisis del consumismo II: Consumismo y materialismo

La segunda pata de mi definición de consumismo era la relativa a la asociación de la identidad personal a objetos materiales. Tener en vez de ser. Querer a las cosas y usar a las personas en vez de a la inversa. Esa idea. Si no consumismo, puede llamarse también materialismo.

Pero antes de tratar la cuestión del consumismo, hablaremos de la idea de la relación humana con lo material. Ciertos objetos materiales tienen un simbolismo atribuido, que trataremos en este artículo. El hecho de tener simbolismo no implica caer directamente en el materialismo salvo que éste se defina de manera relativamente trivial.

Para empezar, el objeto material con el que tenemos una relación más íntima es nuestro cuerpo. ‘Nuestro’ y no ‘con nosotros mismos’ porque el yo y el cuerpo son cosas bien diferenciadas, tanto física como filosóficamente. El yo es un patrón de información. El cuerpo es una unidad de soporte vital. Esta primera idea permite diferenciar los conceptos de asociación a lo material y consumismo, pues la asociación a lo material más elemental – al cuerpo – no parece consumista en esencia.

Una segunda categoría de asociaciones con lo material es la existente entre el creador y lo creado. El pintor y su cuadro, el arquitecto y su edificio, el escritor y su obra, el ingeniero y sus máquinas. Son la aplicación de la creatividad personal a la generación de nuevos objetos, unidos a la personalidad de su creador. Esto quizá sea evidente en una obra artística, pero no tanto en un ejercicio creativo abstracto como puede ser el cálculo de una estructura o una investigación científica. Pero en estos casos, sus creadores pueden sentir orgullo de lo que han hecho, tanto como el pintor siente hacia su obra terminada. Y es que con estos objetos o hechos, los creadores se ven realizados a través de los mismos. Parte de su identidad se construye a través de la elaboración de esos objetos. Por tanto, es razonable que vean parte de sí mismos en ellos, y pueda existir esa vinculación. Estos ejemplos de vinculación con lo material tampoco son consumismo.

Un tercer tipo son los objetos con una fuerte carga simbólica, que no han sido creados por la persona vinculada con ellos. Un trofeo, un anillo de bodas, una piedra de forma peculiar encontrada en una acampada. Son objetos tales que en muchos casos se considerarían subjetivamente diferentes si se pudiese producir un duplicado de los mismos, atómicamente idénticos, pero con otros átomos diferentes a los que formaban parte del objeto inicialmente. Importa que sean esos átomos concretos, porque si no el objeto no se consideraría el mismo, no sería testigo directo del momento que simboliza. En esta categoría entrarían también los artículos de coleccionismo, desde monedas, sellos y obras de arte hasta armas y libros antiguos.

Finalmente tendríamos objetos con un valor puramente instrumental y sin semiótica alguna. Objetos cuya existencia individual no importa, y que sólo tienen importancia en tanto son útiles para un determinado fin. Es concebible pensar que alguien quiera poner en cierto riesgo su vida para salvar de un incendio los cuadros de una galería de arte, pero no los paquetes de folios de la oficina, por ejemplo.

¿Entonces queda algún tipo de relación material que pueda tildarse de consumista?

Dicha relación tendría que ser con un objeto de producción orientada al consumo, no producido por uno mismo, y que se aprecia más de lo que se debería instrumentalmente, sin tener una carga simbólica que lo justifique. Se me ocurre por ejemplo comprar un objeto como símbolo de estatus. Comprarse un coche grande, una mansión o ropa cara, objetos dedicados no sólo a uno sino a los demás.

Pero en este caso por un lado, si realmente se le da buen uso a esos objetos – y el placer estético y la búsqueda de estatus social es una necesidad más que puede tenerse – entonces no es un caso de consumismo. Si uno no es consciente de lo que está haciendo, entonces sí.

Por tanto, he de corregir mi definición de consumismo, eliminando esta segunda pata. El materialismo es algo diferente, pudiendo categorizarse éste como una fusión de hedonismo, narcisismo, egoísmo y envidia. En tanto se puede ser un materialista sin ser un consumista, y se pueden establecer relaciones simbólicas con objetos sin tampoco serlo, hemos de concluir que críticas del estilo de “Tener en vez de ser. Querer a las cosas y usar a las personas en vez de a la inversa.” resultan vacías y equívocas. No son críticas al consumismo. Como críticas al egoísmo, o a una particular preferencia mayor de la media por poseer objetos materiales pueden servir. Como tales no veo a priori cuál es el problema con eso segundo. Con el egoísmo excesivo puedo ver un defecto de virtud. Y con el materialismo en general, que si se emplea como vehículo para buscar la felicidad, deberá estudiarse, empíricamente, si efectivamente es un buen vehículo para tal fin, o si por el contrario el materialismo no conduce a la felicidad.

En el siguiente artículo hablaré de la relación entre capitalismo y consumismo, y analizaremos si el materialismo conduce o no a la felicidad, y concluiré con un resumen de todo lo que he ido diciendo. En principio el siguiente post será el último de esta serie como tal, pasando finalmente a responder una crítica que se hizo aquí al primer post de la serie.

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