Automatización y empleo

Actualmente vivimos en un mundo donde cada vez más sectores productivos automatizan tareas que antes requerían trabajadores para realizarlas. Esto ha motivado un debate sobre si en el futuro la cantidad de puestos de trabajo eliminados por la tecnología será superada o no por la cantidad de puestos de trabajo generados por la tecnología. Ya sabemos que muchos de los trabajos actuales probablemente desaparecerán, y podemos hacer algunas reflexiones sobre qué tipo de trabajos aparecerán en un futuro.

¿Puede darse una respuesta certera a esta cuestión ahora mismo? Mi posición es que no, pero que si de elegir una opción se trata, apostaría porque el avance tecnológico sí creará más puestos de trabajo de los que destruirá.

Este debate se ha planteado antes, concretamente en tiempos de la Revolución Industrial, con el auge del movimiento ludista. Hoy nos parecen entrañables comentarios del pasado. Las predicciones apocalípticas fracasaron estrepitosamente (como suelen hacerlo la mayoría de las predicciones apocalípticas, véase a Ehrlich, Malthus y cía) y hoy apenas hay trabajadores agrarios, el sector industrial está decreciendo en empleo de mano de obra, y el sector servicios es el que está absorbiendo a estos trabajadores.

Un argumento para el optimismo sería que esto ya lo hemos vivido una vez, y que los catastrofistas volverán a ver sus predicciones frustradas. En contra, tenemos el argumento de que el sector servicios es el último baluarte de la capacidad humana frente a la automatización: si las máquinas hacen cosas que antes sólo podían hacer seres humanos, los seres humanos por definición ya no serían necesarios, no tendrían nada que hacer, salvo quizá alguna tarea donde se prefiera justamente el contacto humano.

El mecanismo general por el cual el mercado destruye y genera empleo podría esquematizarse de la siguiente manera:

  1. Se introduce una innovación que permite automatizar cierto proceso productivo: donde antes hacían falta dos trabajadores, ahora sólo hace falta una máquina.
  2. Por un lado, esos dos trabajadores quedan libres para emplearse en otra parte de la economía
  3. Por otro lado, la compra de esa máquina genera una demanda de piezas, servicios de mantenimiento, etc… que permite emplear nuevos trabajadores
  4. Un caso posible sería justamente que los mismos trabajadores que son despedidos al emplearse la máquina pasen a fabricar justamente esa máquina.

Más formalmente podríamos reescribirlo como:

  1. Al introducir una innovación dada, M trabajadores pierden su empleo
  2. M trabajadores están disponibles para otros empleo
  3. El empleo de la innovación genera demanda de N trabajadores
  4. Un caso posible es M=N, y la destrucción neta de empleo sería cero.
  5. Por otro lado, si N>M se crearían más puestos de trabajo de los que se destruyen, potencialmente empujando al alza los salarios.
  6. Pero si M>N hay destrucción de puestos de trabajo neta, lo que reduciría los salarios.

El caso que puede causar algo de preocupación es únicamente M>N, porque si el proceso de mercado en general es así, en el extremo tendremos una economía donde no existan trabajadores. Esto sería deseable: tendríamos una sociedad de capitalistas, donde todo el mundo es propietario de factores productivos y la labor humana quedaría limitada a pensar planes de negocio que generen productos para intercambiar con otros capitalistas. La única objeción que podría plantearse es que los trabajadores que no hayan acumulado capital, o aquellas personas que no sean particularmente aptas en detectar y satisfacer necesidades no lograrían sobrevivir salvo de la caridad pues en este mundo hipotético, el valor que podría generar aquello con lo que todos nacemos, nuestra mano de obra, sería prácticamente nulo.

Sin llegar a ese extremo, dada una preferencia temporal (que en consecuencia dará lugar a una distribución de la renta entre consumo y ahorro), si se generan trabajadores desempleados, caerán sus salarios, pero también la demanda de los bienes que demandaban esos trabajadores, y por tanto los ingresos empresariales, lo que reducirá la rentabilidad del capital frente al factor trabajo, y lo que llevaría a la economía a una situación donde los trabajadores volverían a ser empleables. Al final, cuantos más bajos sean los salarios de los trabajadores menos atractivo será mecanizar, y cuanto más empleo haya igualmente menos demanda habrá para los productos a fabricar por esas máquinas. Si la preferencia temporal variase (aumenta el ahorro, cae el consumo), entonces la inversión adicional podría cubrir esa demanda.

El efecto anterior tiene un límite: que los salarios de los trabajadores caigan por debajo del mínimo de subsistencia que requieren para siquiera vivir. Pero el coste del mínimo de subsistencia dependerá también del grado de mecanización de la economía: si todo esté mecanizado y es extremadamente productivo, el coste de vida se abarataría enormemente y a poco que se cobre en un trabajo, se tendrían el problema resuelto.

Pero lo anterior podría ser compatible, de todas formas, con la existencia de una masa de desempleados que realmente no logren encontrar empleo. Si se afirma que toda mejora tecnológica aumenta o conserva el empleo neto, basta con construir un único contraejemplo de una economía de libre mercado para refutar esa idea. Algo similar a lo que ya hice con la idea de que el paro es imposible a priori si el mercado es completamente libre. Ofreceré dos.

La primera situación es la antes descrita de una sociedad donde todo el mundo es un capitalista, y nadie trabaja. Los trabajadores habrían ido adquiriendo capital, y podrían vivir de las rentas generadas, dedicando su tiempo al ocio. Subsistirían algunas formas de trabajo como el arte, la filosofía o la ciencia que a falta de una AGI aún estarían dentro de las capacidades únicas del ser humano.

La segunda situación parte de considerar una economía cerrada con cuatro trabajadores (realmente cada trabajador son muchos agregados, lo que motiva que en el fondo existan precios, y comportamiento competitivo de mercado). En un primer momento, el primer trabajador extrae hierro de una mina, el segundo trabajador tala árboles, el tercer trabajador fabrica herramientas y el cuarto trabajador emplea arpones y redes para pescar. De este modo, tendríamos una estructura productiva tal que Hierro+Madera->Herramientas(Arpón/Hacha/Pico)->Producción de hierro, madera y pescado. Todos adquieren pescado, el fabricante de herramientas adquiere hierro y madera, y los demás adquieren las herramientas que necesitan en su oficio, ofreciendo los recursos que generan.

Ahora introducimos una innovación en esta economía: un robot pescador que misteriosamente encuentra el trabajador que se dedicaba a la pesca. Lo que hace el robot es pescar los peces que necesite el pescador, que pasa a estar ocioso y tener sus necesidades cubiertas por las rentas en forma de pescado de su capital. El robot a veces necesita algo de mantenimiento, de modo que a veces vende algunos de sus pescados al trabajador que antes producía herramientas para que se lo arregle (en vez de fabricar arpones, dedica ese tiempo a reparar). En esta situación hemos reemplazado un trabajador por un individuo feliz y ocioso, y el tiempo de trabajo de un trabajador en una cosa por ese tiempo de trabajo en otra (M=N). El precio de los peces cae enormemente, y todos disfrutan de una mayor cantidad de alimentos.

A continuación introducimos otra innovación: un robot que fabrica excelentes herramientas completamente de metal (no de hierro, sino de buen acero de herramientas al carbono). Este robot, propiedad del fabricante de herramientas, le permite dedicarse también al ocio y la buena vida, comerciando por un lado con el minero y por otro lado con el pescador. Los costes de las herramientas también caen enormemente, y estas nuevas herramientas pasan a ser utilizadas por el minero y el robot del pescador (así como el propio robot artesano). Pero este trabajador ya no demanda madera, las herramientas son completamente metálicas. El leñador tendría que rebajar los costes de sus herramientas hasta hacerlas competitivas con las nuevas, pero no podría bajarlas por debajo del precio que le cuesta adquirir los pescados con los que come cada día. Pero dada la calidad superior de las nuevas herramientas, no logra hacerlo. El leñador ya no dispone de fuente de ingresos ni sustento y queda desempleado. Con el tiempo, muere de inanición, y la economía queda reducida a un minero, un robot fabricante de herramientas y un robot pescados, con un trabajador y dos capitalistas que viven francamente bien, y dedican su tiempo al estudio de la naturaleza, a escribir poemas épicos u otras cosas en las que deseen ocupar su tiempo.

Esta situación es evitable si planteamos las siguientes objeciones a la historia anterior:

  • El leñador logra hacer competitivo su producto (madera) lo suficiente como para que otros se lo compren
  • El ocio de los dos capitalistas requiere del empleo de nuevos trabajadores (y el leñador quedaría empleado)
  • El leñador puede encontrar otra ocupación: puede por ejemplo recolectar moras, que si los demás valoran podrá intercambiar. A poco que recolecte podrá comer pescado.
  • Los capitalistas comparten sus rentas con los desempleados (sería terminar como en el primer caso planteado, pero queremos mantenernos en este segundo, de modo que asumimos que no)

Si alguno de los tres primeros puntos anteriores ocurre necesariamente, podemos garantizar que a largo plazo, N>=M y no tenemos un problema de desempleo.

  • En el primer caso, el leñador tendría que vender su madera a casi precio de coste (de las herramientas que compra) más lo que cueste un pescado al día. Pero si el fabricante de herramientas le dice que, incluso a ese precio, prefiere ofrecer sólo herramientas de metal, no encontraría trabajo. (Un ejemplo de un recurso real cuyo uso es hoy en muchos casos marginal, y que sigue en declive es el amianto)
  • Alternativamente, su ocio puede ser provisto mutuamente por los capitalistas, o por otro de los trabajadores: al emplear picos de buen acero el minero terminará antes y tendrá tiempo para, pongamos, minar además vetas de oro y vender este mineral a los capitalistas, que se entretendrán haciendo joyería. Podría ser el caso también de que el leñador no sea capaz de proveer el ocio que quieren los capitalistas porque no tiene las capacidades para ello. No todo el mundo, por mucho que se esfuerce, puede ser un buen poeta, escritor, filósofo, científico. El factor trabajo es un servicio de capital heterogéneo y no trivialmente reconvertible.
  • “Si los demás valoran”. Podría ser el caso de que al resto de miembros de la economía no les gusten las moras. O que les gusten, pero las valoren tan poco que no rente producirlas para intercambiarlas.

Con esto cierro este post, habiendo demostrado dos situaciones donde el factor trabajo se hace innecesario y se produce una situación de desempleo incorregible. Queda demostrado pues que afirmar que necesariamente el avance tecnológico genera más puestos de trabajo de los que destruye es falaz.

Un argumento alternativo y más breve: hoy aceptamos que existen personas que podrían aportar trabajo, pero cuya productividad marginal descontada es negativa (Tendrían que pagar para que les contraten). Gente con problemas mentales o alguna discapacidad serían ejemplos. Si tenemos en cuenta el hecho de que en las profesiones del futuro se requiere bastante inteligencia (pensamos en ingenieros, directivos, labores creativas, científicos, etc…) y que la inteligencia tiene una fuerte componente hereditaria (que a día de hoy no sabemos modificar) tendremos una sociedad con gente que a efectos prácticos, para las tareas que requiere esa sociedad, entraría en la categoría de discapacitados, al no ser capaces de pasar de la asignatura de Cálculo I. El factor trabajo es un servicio de mercado más, y en general la gente no lo demanda per se, sino para producir otras cosas que sí se quieren (por eso es un servicio de capital). Y no hay ninguna ley que diga que tenga que emplearse un recurso dado en una economía.

Ahora bien: soy optimista respecto a esta situación. Idealmente, deberíamos encaminarnos a una situación como la primera (el Nirvana del ocio). Si no es así,  otra alternativa es un mundo donde los salarios caen a la par que los precios y el factor trabajo logra ser competitivo, donde se genera demanda por servicios de ocio y donde los trabajadores pueden encontrar nuevas ocupaciones donde servir al resto de la sociedad de alguna forma u otra. Viviremos, o incluso ya vivimos, para ver cómo se desarrollan los primeros compases del inicio de una sociedad así.

 

 

 

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4 Responses to Automatización y empleo

  1. Todo eso está muy bien, queda muy bonito y demás. Ahora bien, tenemos un problema del que tú mismo eres consciente pero del que no extraes las conclusiones necesarias. Y es éste: el zapatero remendón que se queda sin trabajo porque una máquina le sustituye no se convierte en un capitalista ni entra a trabajar como astrofísico para NASA. Simplemente, se queda sin capacidad de trabajar en el nuevo sistema económico.

    Si además, como sucede en esos casos, durante el período previo a la automatización del trabajo lo que el zapatero remendón ha recibido es una mengua considerable y progresiva de sus ingresos mientras su preferencia temporal medida en porcentaje de renta consumida sobre el total de ingresos, o incluso ha aumentado porque tiene unas necesidades presentes análogas (comer, pagar alquiler/hipoteca, hacer frente a los gastos corrientes del negocio y de la familia, etc) y unos menores ingresos, entonces tenemos que su inversión y sus saldos de tesorería (sí, sé que para ti y para Rallo los saldos de tesorería son inversión, pero yo separo), esto es la totalidad de su ahorro, ha disminuido progresivamente hasta que ha sido expulsado por completo del proceso de mercado.

    Los economistas (bueno, al menos los austriacos y crecientemente otro tipo de corrientes) tienen un cuidado cada vez mayor a la hora de destacar la heterogeneidad de los bienes de capital. Desgraciadamente, no hacen lo mismo con el trabajo humano, e incluso aquellos que lo destacan luego al entrar a las implicaciones del análisis lo obvian por completo.

    El factor trabajo es tan específico o más que los bienes de capital, y su reconversión es aún más costosa (y en algunos casos literalmente imposible) que la de los bienes de capital. Durante el proceso formativo y de desarrollo de capacidades profesionales de una persona (y luego durante el conjunto de su vida laboral) el individuo se encuentra frente a un “trade-off” incuestionable entre “adaptabilidad” y “productividad” guiado por el proceso de división del trabajo y de especialización. Cuanto más se especialice un trabajador, más se convierte en un “factor específico” y por lo tanto más productivo es en una rama determinada de la producción, perdiendo capacidad de adaptabilidad. Por el contrario, cuanto menos se especialice un trabajador, más fácilmente puede adaptarse a la dinámica cambiante del proceso económico y por lo tanto es un “factor menos específico” (nunca absolutamente versátil y no específico en absoluto, pero sí menos específico que uno altamente especializado).

    El capitalismo se basa en un proceso que, en última instancia y cuanto más evoluciona lo “impone” en mayor grado, es desgarrador para la naturaleza y los límites de la persona del trabajador (esta idea la trata muy bien Richard Sennett en diversos libros: “El Artesano”, “La Corrosión del Carácter” o “La Cultura del Nuevo Capitalismo”, por poner un ejemplo). Cuanto más progresa el capitalismo más exige de la fuerza de trabajo dos cosas antitéticas: que sea más productivo en las ramas de producción de las que participa y, a su vez, que esté mejor adaptado a la dinámica de los cambios (cada vez más radicales y rápidos) de la lógica productiva del sistema (muy en línea con las necesidades de la nueva “vida líquida” o “sociedad posmoderna”, basada en unas necesidades y pautas de consumo cada vez más impredecibles y mutables). Esta tendencia del “nuevo capitalismo” o de la “modernidad líquida” (los términos de Sennett o Bauman, pero se puede utilizar otro que describa la misma realidad) lo que hace en última instancia es ignorar ese necesario “trade-off” que mencionaba arriba, generar continuamente problemas de inadaptabilidad y frustración, y en último término conduce a que muchas personas se vean condenadas, y se empieza a ver ya, a la mengua de ingresos primero y a la expulsión completa del proceso económico después.

    Con esto no quiero decir que plantee una posición como la que dice Rallo en el artículo que enlazas de “tecnocatastrofista neoludista”. Creo que el desarrollo tecnológico es necesario y positivo. Lo que indico, sin embargo, es que a diferencia de lo que sostienen los liberales este proceso no se puede llevar a cabo de cualquier manera en manos del mercado. Porque pone de manifiesto que el “nuevo capitalismo” no solamente no es el proceso más coherente con lo que algunos llaman “naturaleza humana”, sino más bien todo lo contrario: al ignorar el ineludible “trade-off” al que se enfrenta toda persona humana en su vida y carrera profesional entre adaptabilidad y especialización productiva (fruto de la división del trabajo cada vez más intensa y de la dinámica productiva cada vez más brusca), su lógica productiva es completa y radicalmente contraria a esa “naturaleza humana”.

    Un saludo.

  2. Luis Mella says:

    El asunto creo Andrés y corroborando lo que dices, es que el capitalismo existente fue producto de relaciones en las que el marco institucional hace que algunos puedan gozar más de un aumento en la productividad del trabajo gracias a las mejoras en la tecnología. Kevin Carson hace un excelente escrito sobre este tema.

    Si tomamos en cuenta la acumulación originaria, la evolución del arreglo institucional en pro de los capitalistas (o corporativistas para que no vengan aquí y me llamen socialista, constructivista, etc.), derechos de propiedad intelectual y privilegios para acceder a la tierra y que la firma hoy en día, por tener un nivel alto de burocratización y de dependencia del managerismo hasta nuestros días (Un buen ejemplo es el trabajo de David Gordon sobre el Mito de manager downsizing en la época de los 1970 hasta nuestros días) hace que en términos estructurales la mayoría dependamos de factores originarios de producción en términos austriacos, lo que no parecen ver los liberales de derecha es que creen que esto es producto del “libre mercado” y esto es erróneo, hay que tomar los procesos históricos y situar sus consecuencias no intencionadas. Así que en cierto modo el progreso técnico no es que cause el desempleo, es que, dado las causas ya mencionadas anteriormente, el marco institucional del capitalismo crea desempleo estructural ya que mantiene el factor trabajo mucho menos productivo que en un caso de libre mercado, para así mantener los salarios a la baja.

  3. Luis Mella says:

    Ah por cierto,se me olvidó el artículo de Carson: http://c4ss.org/content/27857 de seguro les va a interesar.

  4. Artir says:

    Gracias por los comentarios

    Luis:
    Mi punto aquí no ha sido hablar de consecuencias del capitalismo, sino de la posibilidad de ciertas consecuencias en un marco de decisiones descentralizado. Vengo a decir que la posibilidad de desempleo tecnológico existe y es no nula, para cualquier sistema de libre mercado, sea o no corporatista. Si Carson tiene razón (Sin haberle leído en profundidad no me pronunciaré al respecto), entonces mi opinión básica sería la misma, con la salvedad de que las posibilidades de desempleo tecnológico serían inferiores a las que se presentarían en el sistema actual.

    Andrés:
    a) Sobre el zapatero remendón: Hay individuos que por su propio pie lo van a tener más difícil. El zapatero quizá pueda reconvertirse a un fontanero, o un mecánico de automóviles, si tuviese suerte, pero no lo tendrá tan fácil como lo tendría un ingeniero en paro. Eso es cierto.

    b)Sobre el trabajo como factor heterogéneo. Efectivamente lo es, “El factor trabajo es un servicio de capital heterogéneo y no trivialmente reconvertible.”. Es algo en lo que normalmente no suele pensarse; el típico ejemplo es una locomotora que no puede convertirse en cafeteras, y no el del médico que tendría que aprender a programar en C++. Pero no sé si es más difícil de reconvertir que el capital físico. En el caso de la locomotora habría que desguazarla y fundir los materiales metálicos de la misma en una siderurgia y luego fabricar las cafeteras. En el caso del médico tendría que leerse libros de programación y practicar con C++. Medido en tiempo posiblemente el médico tarde más en ser un buen programador que lo que tarda el metal de la locomotora en convertirse en buenas cafeteras. Pero quizá la comparativa no sea dle todo justa: la locomotora no puedes convertirla en mesas de madera, mientras que el médico podría reorientarse hacia casi cualquier tipo de puesto, dado el suficiente tiempo. Una comparativa dentro de la misma rama podría ser reconvertir a un pediatra en un gerontólogo, que sería más rápido en tanto se partiría de cierta base de conocimientos común.
    c)Adaptabilidad y especificidad: Efectivamente existe un tradeoff entre ambas, en cualquier sistema humano que se te pueda ocurrir. Si el mundo fuese totalmente cambiante, la especificidad destruiría a aquel que la intentase, y si el mundo fuese estático, no haría falta la adaptabilidad, y todos nos hiperespecializaríamos ante la total certidumbre de la que dispondríamos. Idealmente una persona tiene que tener un área de especialización, pero también las competencias necesarias como para tener cierta adaptabilidad, y saber cómo balancear ambas en cada instante de tiempo. En el capitalismo necesitas balancear entre ambas, como necesitas hacerlo entre ahorrar y consumir, pero esto es cierto también para cualquier sistema de libre mercado que se te pueda ocurrir. Kevin Carson proponía, según lo poco que he leído, un sistema más local y a menor escala de producción (Y que los incentivos de mercado llevarían a eso al ser mejores, además, de no ser por regulación estatal). No sé si ocurriría como Carson dice, pero no creo que se pueda huir de esta dicotomía fundamental salvo si se planificase el reparto de trabajo. Como mucho, una comunidad autosuficiente y autárquica podría consensualmente hacer ese reparto, pero otras podrían no hacerlo.

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