Análisis del consumismo I: el consumo innecesario

En el post anterior afirmé que el consumismo es anticapitalista en tanto atenta contra las virtudes que permiten y fomentan el aumento de capital en una sociedad. Me centré más en el aspecto de conflicto entre el consumismo y la acumulación de capital, dejando en apenas un par de frases la definición de lo que es el consumismo: “Puede definirse consumismo de dos maneras: una por el afán de consumo excesivo y otra, por definir la identidad propia en relación a lo que se compra y tiene.”

Al definir así consumismo creo coincidir con cualquier definición usual de los términos.

Qué es el consumismo: diccionarios

La RAE define consumismo como “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios.”

El diccionario  de la Universidad de Oxford lo define como “(despectivo) La preocupación de la sociedad con la adquisición de bienes de consumo”

Por otro lado, el diccionario de la Universidad de Cambridge ofrece consumismo como “(desaprobatorio) La situación en la que se le da mucha atención a la compra y posesión de cosas”

La popular enciclopedia online Wikipedia ofrece una definición similar en su versión  “El consumismo puede referirse tanto a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios considerados no esenciales, como al sistema político y económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de estatus y prestigio dentro de un grupo social”

Creo que es una definición por tanto próxima a lo que generalmente se entiende por consumismo, pero en este post quiero profundizar más en la definición del concepto para precisarla y analizar con claridad qué es el consumismo y por ende, qué es un consumista.

La definición de consumismo, no obstante, parece tener dos caras:

  1. Adquisición excesiva o innecesaria de bienes de consumo
  2. Definición de la identidad personal a través de esos bienes de consumo

En este artículo estudiaré la primera.

El consumo innecesario

La decisión fundamental de toda acción humana en lo que respecta a un bien o servicio es consumirlo o ahorrarlo, no consumiéndolo. Las razones que llevan a una persona a querer consumir vienen en gran medida dadas por la naturaleza biológica del ser humano: necesitamos respirar, necesitamos beber y necesitamos comer. En caso de tener enfermedades, para seguir vivos necesitamos además medicación. En caso de querer llevar una vida relativamente cómoda necesitaremos algún tipo de alojamiento para vivir. Y luego en caso de querer aumentar nuestros conocimientos podemos querer leer libros, escuchar lo que otras personas tengan que decir, o dedicarnos a reflexionar e investigar.

Estas necesidades en general son opcionales. La vida no es un imperativo biológico. En el extremo, uno puede sentarse en una silla a esperar sin comer o beber hasta la muerte. De forma menos extrema, uno puede transitar por la vida sin saber de ciencia o filosofía, limitándose a los quehaceres diarios y disfrutando con otras cosas de su elección, saliendo con los amigos, yendo de fiesta y cosas así.

Planteo esto para analizar la idea de “consumo innecesario”. Visto lo anterior, resulta evidente que en principio el consumo va ligado a los fines del individuo. Para un individuo que quiera morir de inanición, el consumo de alimentos es consumo innecesario. Para alguien a quien le gusten los árboles y quiera protegerlos, los libros en papel pueden ser consumo innecesario. Para alguien a quien no le interese la astrofísica, el Hubble será un consumo innecesario y para alguien a quien no le interese el anticonsumismo, leer a autores que claman contra la sociedad de consumo como puedan ser Klein, Fromm, Chomsky o Baudrillard es también consumo innecesario. Una lectura directa de la definición nos llevaría a afirmar que comprar libros anticonsumistas es un acto consumista.

Hay que encontrar entonces una idea más razonable que esa de “consumo innecesario” como consumo que no satisface fines, arriba planteada. Planteo pues una definición más acertada para el concepto, si bien algo más compleja: el consumo innecesario es el consumo que, tras el acto de consumo, se revela innecesario para el consumidor.

De esta manera, se liga la innecesariedad del bien o servicio consumido con un criterio subjetivo personal de innecesariedad, a la par que se mantiene el vínculo con la concepción usual de consumismo, como a continuación se verá.

Bajo esta definición, serían consumo innecesario cosas como

  • Comprar cinco televisiones de las cuales cuatro no se usan
  • Comprar un libro que luego no apetece leer
  • Comprar alimentos que se tiran sin consumir
  • Comprar un yate que se queda en puerto todo el año

Hay que puntualizar que si uno se compra tres coches, o hace veinte comidas al día, o se compra todos los discos de los grupos de música que le gusten, no  cae en un consumo innecesario. Siendo toda necesidad opcional, es nuestra decisión emplear nuestros bienes de la manera en la que creamos adecuada para los fines que elegimos, por dispares que puedan ser. Podríamos definir, si eso, esa clase de consumos como excesivos en tanto están por encima de la media de lo que consume el consumidor medio de esos bienes, pero la palabra no parece apropiada pues parece conllevar implícita la idea de innecesariedad, que a continuación se trata. Yo mismo leo más de lo que lee la gente que lee, pero no creo que alguien quiera llamar a eso ‘lectura excesiva’. El punto a analizar es el consumo innecesario.

Consumo innecesario como error de fines

Por supuesto, todos en algún momento u otro realizamos alguna clase de consumo (ex post) innecesario: sucede que no tenemos información perfecta y que toda acción implica cierta incertidumbre. Estos casos, no obstante suelen ser casos de errores no de fines (cuando uno se da cuenta ex post que no debería haber comprado eso) sino de medios (el fin era el correcto, pero no el medio adquirido).

Comprar un destornillador y descubrir luego que no es el adecuado para apretar un tornillo, o comprar una televisión que, si uno valora la alta calidad de imagen, no es HD son errores de medios, y no serían ejemplos de consumismo. Aquí, el bien comprado no es un fin sino un medio: el destornillador se compra *para* apretar tornillos y la televisión HD se compra *para* ver televisión de alta definición.

¿Y no es esto cierto para los casos de consumo innecesario? ¿Podría decirse que uno compra el libro *para* leerlo pero que se equivoca al comprar ese libro, siendo por tanto ambos tipos de errores iguales?

No: la diferencia está en que en los casos de consumo innecesario el bien era un fin en sí mismo. No se trataba de leer genéricamente, sino de leer *ese libro*, ni de comprar cualquier tipo de alimentos para saciar el hambre, sino comer *ese alimento* y no se trataba de comprar el yate para pasarlo bien sino para *disfrutar del yate* (que no es cualquier forma de pasarlo bien).

El problema, como dije antes, era que el fin buscado realmente no se quería.

No todo consumo innecesario es consumismo

Pero el consumismo es más que esto. Igualmente, no somos perfectos a la hora de predecir si perseguir un fin nos satisfará o no y podemos errar. Esos casos de consumo innecesario que generalmente todo el mundo comete puntualmente no cabría tildarlos de consumismo.

Sí podríamos, finalmente, definir consumismo como la tendencia elevada al consumo innecesario, según se ha definido antes. El consumista sería, lógicamente, el que cae en el consumismo.

En el post anterior mencioné que una crítica al capitalismo es que este incentiva el consumismo. El periodista Emile Gauvreau recoge esta idea en una frase “I was part of that strange race of people aptly described as spending their lives doing things they detest, to make money they don’t want, to buy things they don’t need, to impress people they don’t like.” (La frase es más conocida en una versión enunciada por Will Smith, que reza, de forma similar “We spend money that we do not have, on things we do not need, to impress people who do not care.”) La lista de aforismos para soltar contra el consumismo en una sobremesa pueden es relativamente extensa. Pero aquí no analizaré qué lleva a la gente al consumismo, ni su relación con el capitalismo, ni la idea de ‘necesidades artificiales o creadas’. Eso vendrá después.

La ética del consumismo

Un primer análisis ético del consumismo es inmediato: bajo la definición dada no creo que pudiera ser el caso de que sea una virtud. Prueba de ello es que todo acto consumista va asociado al deseo de, si fuese posible, revertir el acto de compra, al tener consciencia del error que ha supuesto. Voy a afirmar por tanto que según esta primera definición de consumismo, la referente al consumo innecesario recurrente, el consumismo es éticamente neutral. Equivocarse no es algo que esté mal. Lo que sí se acercaría a la inmoralidad sería ser consciente de que se es un consumista, pero no tomar medidas para remediarlo: casos donde uno querría dejar de ser un consumista pero no trata de hacer nada. El consumo se habría convertido entonces en una adicción, un vicio. Por tanto, es lógico que, empíricamente, nadie salvo alguien que quiera dejarlo se autodenomine consumista, de la misma manera en la que nadie se autodenomina con orgullo como ludópata. El problema radicaría pues en querer dejar algo que causa perjuicio a uno y no tener voluntad para hacerlo.

Hay más problemas, creo yo, con la segunda pata de la definición del consumismo, “definirse en base a lo que se tiene”, pero eso queda para otro post.

En resumen

  • Consumo innecesario es el consumo que, tras el acto de consumo, se muestra innecesario para el consumidor.
  • Consumismo es la caída recurrente en el consumo innecesario de bienes considerados fines en sí mismos
  • Los actos de consumismo y el consumismo en sí no son inmorales
  • No tomar medidas para reducirlos sí lo es, en tanto atentan contra la propia realización personal.

 

 

 

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