“Mitologías minarquistas, o contra la intervención del Estado”, unos comentarios

Post que comento aquí: Mitologías minarquistas, o contra la intervención del Estado (Construcciones míticas de la crisis III) por Andrés González.

Procederé a un comentario por párrafos.

En el extremo opuesto del espectro ideológico a las construcciones míticas que sacralizan, por así decir, al Estado y demonizan al capitalismo, se encuentran las explicaciones minarquistas o anarcocapitalistas. Su articulación teórica está desprovista de una compleja sofisticación y, por eso, nos permitimos realizar un recorrido somero. Muchas veces estos partidarios del minimal state son rotulados bajo la denominación neoliberales y confundidos con los partidarios de las políticas monetaristas, pero en esta entrega nos centraremos en los primeros. Para evitar semejante confusión, prescindimos del equívoco rótulo “neoliberal”. A cambio, tampoco concederemos a los austriacos que todos, excepto ellos, sean socialistas.

En primer lugar habría que hacer la distinción entre anarcocapitalista y minarquista. El minarquista cree en un Estado mínimo. Cuán mínimo debe ser ese estado difiere entre los autores; todas ellas incluyen las funciones llamadas nucleares del Estado (seguridad interna -policía-, seguridad externa-defensa- y resolución de conflictos -Justicia-) y en ocasiones se añade también algún componente de welfare. En general la idea subyacente es que el Estado sólo debe hacer lo que la sociedad no pueda hacer. Por tanto, el minarquista definirá una serie de competencias estatales y se tratarán de imponer las mínimas regulaciones e impuestos para que ello sea posible.

El caso del anarcocapitalista parte de la negación de la legitimidad del Estado. Esto es, equiparando éticamente la acción de los agentes estatales con las de agentes civiles que realicen actos similares. Así, los impuestos pasarían a ser un robo y las regulaciones, imposiciones injustificadas. Esto por supuesto es matizable. Algunas regulaciones tienen sentido (Por ejemplo, la prohibición de la tenencia de armas nucleares, o del asesinato, robo o violación) y el Estado tendría autoridad para hacerlas valer. Un tratamiento bastante bueno de esta perspectiva está disponible en The Problem of Political Authority de Michael Huemer (2013).  Una defensa del anarco-capitalismo debe ser capaz de refutar toda teoría de la legitimidad estatal, desde la teoría de la autoridad divina hasta las más modernas teorías del contrato social, pasando por las teorías del consenso democrático, de la propiedad implícita de la tierra o de la analogía familiar (el Estado como padre de la sociedad)

Siguiente, el caso de la articulación teórica y la complejidad de su articulación. Aquí habría que diferenciar entre anarco-capitalistas y austríacos. Una cosa no implica la otra. (Hay anarco-capitalistas no austríacos como Bryan Caplan y austríacos no anarco-capitalistas como Hayek o von Mises). El anarco-capitalismo en principio no es una teoría de los ciclos económicos – es filosofía política- y el austrianismo justo al contrario, es una teoría económica pero en principio no se mete o no debería en la cuestión de cómo deben ser las cosas, sólo de cómo son. En lo que sigue, cuando se hable del ciclo, lo trataré desde el punto de vista austríaco.

Sobre la escasa sofisticación de la articulación teórica austríaca, comentaré después que esto no es ni mucho menos así, aunque entiendo por qué surge esta aserción: algunos austríacos  que uno pueda encontrarse en internet quizá se limite a repetir uno o dos mantras del estilo ‘El Estado es el mal’, ‘Abajo la banca central’ o ‘El patrón oro resolverá todos nuestros problemas’. Y hay vida más allá de eso, evidentemente. Es como resumir a Marx en ‘Abajo el Capital, viva el proletariado’ o a Keynes en ‘Gasta a saco y salimos de la crisis’.

Agradezco (y otros muchos espero que también) el que no se emplee el tan vacío de significado (aunque emotivamente cargado) término de neoliberal.

La idea implícita en la última frase es una que comparto. Jocosamente yo mismo en twitter tengo la costumbre de soltar “X es socialismo” donde X puede ser cualquier cosa, desde el propio socialismo hasta programas del corazón o la cerveza. Es e efecto una humorización de la posición de muchos anarco-capitalistas en la red (y en parte de los teóricos académicos, todo sea dicho) de considerar todo lo que no sean sus ideas son socialismo. Así, encontraremos asertos de que (PSOE/PP/IU/Falange/UPyD/etc) son socialismo o que la Sanidad Pública es socialismo. En España esto proviene probablemente de Huerta de Soto, que en su libro Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial define socialismo como “todo sistema de agresión institucional contra el libre ejercicio dela acción humana o función empresarial.” (p.87) y resulta esclaredora la nota a pie de la p. 89
“Por supuesto que no consideramos incluido dentro del concepto de agresión sistemática descrito en el texto el nivel mínimo de coacción de tipo institucional que es preciso para prevenir y corregir los negativos efectos que la arbitraria agresión no institucional o asistemática produce. Este nivel mínimo de coacción institucional es el que incluso el agresor no institucional desea que se le proporcione, fuera del ámbito de su agresión asistemática, para poder aprovecharse pacíficamente de la misma. La solución del problema que se plantea en toda sociedad a la hora de prevenir y corregir los efectos de la agresión asistemática o no institucional exige desarrollar una teoría ética de los derechos de propiedad, cuyo principal fundamento radica en considerar que el actor es justo propietario de todo aquello que sea el resultado de su creatividad empresarial, ejercida sin iniciar contra nadie agresión o coacción alguna. Estimamos que es socialismo toda ampliación del ámbito de la coacción sistemática por encima del mínimo necesario para el mantenimiento de las instituciones jurídicas que definen y regulan el derecho de propiedad. El Estado es la organización por antonomasia de la coacción sistemática o institucional y, en este sentido, siempre que se rebase el mínimo necesario de coacción para prevenir y erradicar la agresión asistemática, Estado y socialismo se convierten en conceptos íntimamente unidos. Aunque no es éste el lugar para exponer los diferentes argumentos esgrimidos en la interesante polémica que se está desarrollando dentro del campo de la teoría liberal entre aquellos que defienden un sistema de gobierno estrictamente limitado y los partidarios del sistema anarco-capitalista, es preciso resaltar cómo estos últimos argumentan que es utópico pensar que una organización monopolista de la coacción puede autolimitarse de forma efectiva y, de hecho, todos los intentos históricos de limitar el poder estatal al nivel mínimo ya mencionado han fracasado, por lo que estos últimos teóricos proponen un sistema de organizaciones competitivas de adscripción voluntaria para hacer frente al problema de la definición y defensa de los derechos de propiedad, así como de la prevención y represión de la delincuencia. Aparte de que, si el Estado estrictamente limitado se financia coactivamente con cargo a impuestos, es decir, agrediendo sistemáticamente a la ciudadanía y a su libertad de acción en el campo de la definición y defensa del derecho de propiedad, entonces en un sentido estricto también el Estado limitado podría calificarse de socialista.”

El libro fue escrito antes de que Huerta de Soto abrazase el anarco-capitalismo, pero se entrevé que ya se acercaba a dichas ideas. En efecto, para Huerta de Soto, incluso el minarquismo también es socialismo, de acuerdo con su definición.
Las definiciones no son más que maneras de mapear palabras con realidades. No hay una palabra única para designar una realidad. Yo puedo denominar socialismo al chorizo y explicar cómo preparar bocadillos de socialismo. Mientras se explicite de qué se habla no hay problema. Sin embargo, definir socialismo a lo Huerta (su definición cuadraría más con intervencionismo) tiene el problema de que choca con el uso común de la palabra socialismo, dificultando a aquellos que no hayan interiorizado la definición del autor a la hora de leerle (aún peor con los que hacen ese uso de la palabra en internet sin especificar) y que por otro lado en última instancia  es equivalente a no-anarcocapitalismo. Sólo un mundo libre de Estados no es socialista. (casi) todo es socialismo. En ese sentido, es una definición poco útil. Yo personalmente preferiría reservar socialismo para la definición marxiana del término como etapa inferior del comunismo, en la que la propiedad de los medios de producción está en manos del proletariado.

2.1. La crisis económica internacional y europea se debe a la intervención del Estado mediante los bancos centrales, el abandono del patrón oro y su sustitución por el dinero fiduiciario. Estas crisis bancarias, seguidas de rescates masivos, son formas de intervencionismo que destruyen la economía
El crash financiero de 2008 puso de moda en España a la escuela austriaca, pero ya antes los peligros del monetarismo venían siendo profetizados, entre otros por Huerta de Soto en su libro Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998). Así, el colapso por hiperinflación a que estaba abocado un mundo financiarizado y con la débil base del papel moneda era la crónica de una muerte anunciada, y eso a pesar de que si alguna escuela de pensamiento conoce la capacidad de mutación del capitalismo y el efecto de los ciclos es precisamente la escuela austriaca. El argumento, pues, es tan atemporal como el más estilizado de los relatos marxistas previamente mencionados: un mecanismo que se repite en cualquier momento y que, por tanto, se puede permitir ignorar cualquier hecho histórico particular, porque los explica todos.
 
Pero la historia cuenta y, lamentablemente, ni el patrón oro ni la marginalidad o inexistencia de los bancos centrales hicieron que las recesiones se resolvieran de manera más rápida o eficaz en el pasado. De hecho, y dejando obviamente al margen la crisis de 1929 y de 2008, antes de Bretton Woods o del abandono definitivo del patrón oro por parte de Nixon las recesiones eran más largas (por lo general entre 18 meses y seis años) y las contracciones económicas más profundas (con caídas de entre el 5,9% y el 34,3%)

De aquí saco una idea curiosa: que el ser atemporal sea una crítica. Ser atemporal es ejemplo de haber sacado una buena ley o teoría. Las ecuaciones de Maxwell son atemporales (en sentido de que son esas y que su forma no varía. Evidentemente admiten campos dependientes del tiempo) y nadie se queja. Interpretándolo de otra manera sí vería una crítica: aquello de que un reloj parado da la hora correcta dos veces al día. Si una teoría predice el colapso inminente de la economía y lo predice todo el rato, pues toda crisis es prueba de esa teoría, supuestamente. Los periodos sin crisis serían meramente lapsos de tiempo a la espera de hecatombes, calmas antes de la tempestad. Y serían malas teorías, sí.

Una buena teoría del ciclo económico debería ser capaz de explicar los principales rasgos de los ciclos de expansión y contracción del crédito que padecen las economías capitalistas, y no sólo ser teóricamente consistente sino además cuadrar empíricamente con los datos.
Entre éstas teorías está la austríaca, cuyo desarrollo completo dista de ser simple y que puede encontrarse en su forma ortodoxa en Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos de Huerta de Soto. Cae en un fallo recurrente de muchos austríacos y es la visión de la reserva fraccionaria como un fraude, pero de resto está bastante bien. Dentro de la EA ortodoxa probablemente sea la versión más avanzada de la misma.
Y luego hay otras ramas de la EA, como la neo-mengeriana, encabezada por el profesor Antal Fekete y cuyo máximo exponente en España es Juan Ramón Rallo, que ponen un gran énfasis en la liquidez, en la banca, en la deuda y en las finanzas. Componentes que a todas luces parecen clave para entender las economías modernas, y que otros enfoques heterodoxos, como el Postkeynesiano también tratan. Si la economía mainstream post-crisis de 2008 necesita un nuevo rumbo para recomponer los pedacitos en los que quedó tras la misma, sin duda es éste.
A este efecto, creo que una buena idea de la teoría la da la lectura de lo siguiente:

Un punto importante de esta visión es que los fenómenos que desencadenan las crisis son endógenos al capitalismo, pudiendo tener pues ciclos en un libre mercado totalmente puro. Pero también lo son -se afirma- las instituciones que permiten mantener a raya los incentivos que empujan a los agentes a poner en marcha una expansión crediticia.

Luego está el hecho de que con patrón oro y sin bancos centrales había crisis. Y se apunta que las recesiones se resolvieron peor que ahora. Esto entra dentro de la Historia Económica, donde hasta ahora apenas he entrado a investigar. Este punto es importante, pero yo no me veo capaz de responderlo. No sé lo suficiente del tema. Otros quizá si puedan (Rallo?) . Sí que podría indicar que en el aspecto empírico una de las críticas más usuales es que se dice que Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo. Esa crítica tiene respuesta aquí. Y por otro lado una prueba visual de que la teoría neo-mengeriana parece ir por buen camino puede verse aquí. Si puede verse que hubo fenómenos de descalce de plazos en todas las crisis crediticias, dándose además los fenómenos predichos de la teoría, supondría que en esencia estamos ante una buena teoría de los ciclos económicos. Otro punto es qué entorno institucional disponer para evitar eso. La solución austríaca ortodoxa habla de patrón oro y banca libre. Yo lo resumiría en sacar las manos estatales del control de la moneda. O al menos permitir total libertad para el uso de monedas alternativas y reducir las barreras de entrada a la banca. Responsabilidad, en esencia.

2.2. El Estado de bienestar siempre ha sido nocivo, pero ahora es aún más inviable ya que supone un incentivo perverso para la actividad económica[4]
La fe en que los agentes privados harán las cosas siempre de un modo más eficiente que los públicos, o que la ausencia de ánimo de lucro destruye la eficiencia y, con ella, la prosperidad, son axiomas que no soportan el contraste con la realidad. El dogma metafísico que subyace a este modelo es la praxeología, es decir, un paradigma de racionalidad perfecta y maximizadora centrada en el individuo, de quien se espera que aprenda a partir de sus propias decisiones o si no lo hace el orden espontáneo le ponga en su lugar.
Sin embargo, existen numerosos contraejemplos que muestran que ni la titularidad privada tiene por qué ser más eficiente, ni la titularidad pública ofrecer mejores condiciones sociales. Así, la elevada eficiencia del sistema sanitario público español, el alto coste del sistema ferroviario privado británico, las precarias condiciones laborales en los sistemas productivos altamente intervenidos como los de Argentina, Venezuela o Cuba, el pobre rendimiento de los fondos de pensiones privados o la envidiable solvencia y eficiencia de las viejas cajas de ahorro antes de que superaran en agresividad a Lehman Brothers son contraejemplos que nos impiden determinar a priori si la titularidad pública o privada es más eficiente o tiene mayores rendimientos sociales.

Aquí yo mostraría mi descuerdo con los criticados. El Estado del Bienestar (entendido como prestar una red de seguridad o igualadora de oportunidades más o menos amplia) no tiene por qué ser nocivo. Si acaso, desde el anarco-capitalismo podría hablarse de que financiarlo con impuestos no es legítimo, pero el prestar sanidad, educación y pensiones per sé no tiene mayor problema. De hecho, si lo hiciera un agente privado lo veríamos como un titánico y abnegado esfuerzo filantrópico. Podemos decir que es mejorable, pero nocivo no creo, salvo que tengamos en cuenta los efectos desincentivadores del trabajo que suponen cosas como la prestación por desempleo (efectos que se pueden medir empíricamente). Pero incluso así, serían argumento para una reforma de la prestación, no para decir que la misma sea nociva per se.

No creo que lo privado siempre sea mejor que lo público. Sí que creo que lo privado tenderá a ser mejor que lo público. (Aunque aquí hay que tener cuidado, pues dentro de privado englobo también propiedades comunales u órganos comunitarios que no busquen beneficios. Madrid podría tener un metro propiedad de todos los madrileños y ser tal cosa privada). Es un argumento esencialmente de manejo de la información y de óptimos de escala. De que en un ambiente con suficiente competencia de mercado, las empresas adoptarán una escala adecuada a la función a cumplir y a la información disponible. Ser más grande te permite comandar más recursos, pero también hace más difícil cambiar de plan empresarial en respuesta a nuevos movimientos de mercado.  En esencia, la misma crítica que se le puede hacer al socialismo, el famoso problema del cálculo socialista que ya tratasen los austríacos en su día, se le puede hacer a toda organización o entidad que procese información y actúa en base a ella.

La praxeología no es lo que se dice. La praxeología es el estudio de la acción humana tal cual expone von Mises. Se dan como dadas para el análisis las preferencias del individuo. No se asume ni racionalidad total ni que maximice nada. No es un homo economicus neoclásico. Es un hombre de carne y hueso que actúa. De ese modelo se tratan de deducir cosas más interesantes, como la ley de la utilidad marginal decreciente, la ley de la demanda y la oferta y en general, los fundamentos de la economía. En gran medida no difieren de la microeconomía estándar en sus conclusiones generales, pero se lleva el análisis más allá: no se suponen curvas de demanda y oferta, ni funciones de utilidad, sino escalas de preferencias. Esto hace que en vez de llegar a un precio de equilibrio neoclásico se llegue a dos precios de mercado (bid y ask) . Se pone más énfasis en que esos precios no son de equilibrio, sino meras relaciones históricas de intercambio y que la economía está en constante desequilibrio, entre otras cosas. No hay nada que pueda verse como absurdo, diría yo. Las grandes discrepancias están en macroeconomía y el ciclo, cuestión tocada antes.

Sobre la eficiencia de lo público vs lo privado habría que tener en cuenta varias cosas: ¿Cómo medir la eficiencia? ¿Qué se considera verdaderamente eficiente? y ¿Cuán libre es el mercado?. Esta segunda pregunta es relevante especialmente en aquellos sectores donde el Estado intervenga. Así, si un Estado provee sanidad pública universal y a un proveedor privado se le ocurre una manera de ofertar eso mismo por 10€ al mes, tendrá que lidiar con un competidor que ofrece sus servicios a cero, y que cuenta además con soporte ideológico: aquellos que ven la sanidad pública como algo intrínsecamente bueno por el hecho de ser público (en sentido de que si esta sanidad privada paralela existirse por 10€, preferirían la pública no por costar 0€ sino por el hecho de la titularidad). Una solución a esto sería la (casi) total desregulación y bajadas impositivas a aquellos sectores donde el Estado entre a operar. Así se tendría paralelamente el libre mercado ‘salvaje’ compitiendo contra lo público. Y que el cliente elija al mejor.  Quizá el mercado libre hubiese llegado de todas formas a formar una empresa como la pública. Quizá es eficiente tener una única empresa comunal de aguas en una ciudad- yo lo creo- en vez de una miríada en competición (cosa que por cierto parece difícil de imaginar, pero se ha dado en ciertas ocasiones).

Incluso así, repito, puede ser que una empresa pública sea de primer nivel y sin crítica alguna posible. Pero desde un punto de vista anarco-capitalista incluso si la sanidad pública funcionase algo mejor que una hipotética sociedad del bienestar donde todo fuese privado, la financiación vía impuestos de lo anterior no estaría justificada por las razones esgrimidas en una sección anterior. Quizá existiese una forma de justificarla, y es demostrar que sin sanidad pública la sociedad descendería a un nivel medieval de salud, o que la gran parte de la población simplemente muriese en masa por falta de cuidados médicos. No creo que sea el caso. (Aunque la única manera de ver esto es tanto histórica: viendo cómo funcionaba el bienestar antes del Estado como empírica: probar de forma localizada el sistema alternativo y ver qué ocurre).

            2.3. …además de una coacción intolerable a los ciudadanos
Los defensores del anarcocapitalismo son partidarios de un Estado mínimo, de tal manera que no exista ningún Politburó que reprima a los sujetos. Ese paraíso terrenal habría desterrado a los burócratas y divinizado, por fin, al individuo. Sin embargo, los individuos humanos somos también animales sociales, de tal manera que las economías de escala son preferibles, incluso en los mismos términos de eficiencia que seducen a estos teóricos, y la cooperación y la cohesión social reportan mayores beneficios para cada uno –y no solo para la colectividad-. Por otra parte, incluso la mejor destilada sociedad anarcocapitalista de probeta generaría posos de poder, ya sean relaciones tácitas o expresas, y no hay por qué suponer que la acumulación de fuerza de que gozan los miembros del comité central de una democracia popular no se reproduzca de manera espontánea en la aristocracia propietaria del mundo sin Estados. Solo quien ya supiera de antemano qué destino le aguarda en cada uno de esos mundos estaría dispuesto (o no) a aceptar el reparto.

Como ya dije, los defensores del anarcocapitalismo no defienden un Estado mínimo, sino un no-Estado. Evidentemente se plantean modelos alternativos de resolución de conflictos, resolución de externalidades y demás, pero no es el objeto de este post plantear todo ello.
Se plantea una de las que probablemente es las mayores incomprensiones del anarcocapitalismo y el liberalismo en general: la supremacía absoluta del individuo y la negación del colectivo y la sociedad. Y no. Habrá gente que diga eso, y esa crítica es certera en ese caso. Pero a título personal – y creo que también hablo por bastantes- afirmo que el ser humano nace, vive y muere en comunidades con las que se relaciona. Somos seres más que sociales, hiper-sociales: nos necesitamos unos a otros para la consecución de nuestros objetivos. Somos también seres egoístas. El altruismo puro llevaría a la muerte de una especie (por razones que no argumentaré aquí), y el egoísmo puro impediría seguramente la existencia de una (buena) sociedad. El capitalismo logra redirigir el egoísmo hacia fines productivos: la búsqueda del beneficio sólo es posible si se obtiene sirviendo necesidades ajenas. El altruismo no es crucial para la eficiencia económica, pero es algo que debemos practicar. Una sociedad darwiniana quizá sea óptima económicamente, con quiebras a todos los niveles fortaleciendo y haciendo avanzar el conjunto – la famosa antifragilidad de Taleb-, pero quiebras a todos los niveles significa quiebras personales, y eso significa muertes: en cierto sentido si una persona no aporta lo suficiente al mercado, éste -metafóriamente- le juzgará como inútil, y le sentenciará a morir de inanición al no poder procurarse medios suficientes para alimentarse. Y una sociedad así no es deseable. Ahí entra el altruismo a través de caridad,ONG, mutuas, filantropía o fundaciones. El egoísmo nos da eficiencia pero no una sociedad en la que queramos vivir. El altruismo (en sentido amplio) permite corregir lo anterior dando un óptimo: los padres se preocupan de sus hijos, los miembros de una familia extensa pueden apoyarse entre sí, los trabajadores pueden cooperar en sindicatos, los empresarios en su patronal, un rico puede financiar la lucha contra la pobreza tanto nacional como internacional, una gran empresa puede hacer obra social. Todo ello es prácticamente un imperativo moral para una buena sociedad. En este sentido, el problema quizá venga de la filosofía Randiana y de su interiorización por parte de muchos liberales. El Objetivismo prima el egoísmo y el Yo por encima de todas las cosas. Personalmente, no. Léase al respecto Why I am not an Objectivist.

La sociedad anarcocapitalista generaría posos de poder sí, seguramente. Hoy en día tenemos una gran pirámide de poder tomada por grupos de interés. Tampoco es nada halagüeño. La diferencia radicaría en que el poder estaría más descentralizado, y que no se asumiría la autoridad suprema del Estado en ningún caso. ¿Podría Google tener su ejército privado? Podría intentarlo. Otros podrían tratar de detenerle. Si es que llega a hacerlo, pues tal cosa puede no salirle rentable, y la sociedad cada vez es menos proclive a permitir actividades coercitivas. Sí, Google podría  hipotéticamente tener un ejército y declararle la guerra a Microsoft para que dejen de comercializar Windows. (Aunque improbable, repito) Pero si la guerra es un temor, no hay más que mirar el mundo real. Los Estados ya se declaran la guerra, muere gente y demás. Creo que la guerra sería algo más raro en ancaplandia que hoy en día, pero de haberla no sería un empeoramiento, en principio, respecto a la situación actual, en la que de hecho ya la hay.

El post termina con una referencia directa a Rawls.  Lo que viene a decir es que si nos damos al pajillerismo mental sobre cómo debe estructurarse el Estado, trataremos de barrer hacia nuestro lado: si somos ricos querremos poco Estado y pocos impuestos, si somos pobres querremos una red de seguridad. Rawls dice que para resolver este problema debemos suponer que estamos tras un velo de ignorancia tras el cual entraremos en la sociedad, y a priori no sabemos en dónde vamos a caer. Quizá nos toque ser ricos o pobres. En esas condiciones de ignorancia es como se debe decidir la forma y operación del Estado. Psicológicamente, avanzaría yo, esta teoría tiene sentido por el hecho de la existencia de la aversión al riesgo. Si ganar 100€ te aporta ‘3’ de felicidad, perder 100€ te resta ’10’ de felicidad. Es sobreproporcional. Por tanto: tras el velo la gente no se arriesgaría a no querer red de seguridad, pues temería más el ser pobre y sufrir sin ayuda que el ser rico y verse sometido a impuestos. Dicha teoría está tratada en el arriba citado libro de Huemer, donde es refutada.

Hasta aquí mis comentarios. Quizá haya algo más que añadir, y en tal caso revisaré lo que sea conveniente. Espero que haya sido útil. No afirmo ninguna autoridad sobre los temas tratados; soy un estudiante de ingeniería que se interesa por temas económicos y filosóficos. Tómese esto como en constante revisión y abierto a críticas y cambio.
JL

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4 Responses to “Mitologías minarquistas, o contra la intervención del Estado”, unos comentarios

  1. Pingback: Top 5 de posts en Artir contra el Mundo | Artir contra el mundo

  2. Jose María Escorihuela Sanz says:

    He leído esto con la idea de atacar algo, pero no he podido y mira que es largo. Este articulo es jodidamente bueno y no puedo discrepar en nada.

  3. Jose María Escorihuela Sanz says:

    Por cierto, podrías hacer algún día alguna critica profunda contra/a favor el minarquismo, sobretodo con la idea de que la justicia a de ser (o no) pública.

    Es una idea pero tu verás.

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