Tradición y violencia

Alguna vez he mencionado que a la hora de situar cargas de la prueba existen una serie de presunciones que parecen relativamente de sentido común:

  • Quien desee aplicar violencia deberá justificarla
  • Quien desee eliminar una tradición deberá justificarse
  • Quien desee acusar a alguien de haber cometido un crimen deberá probarlo
  • Quien desee afirmar que algo es deberá demostrarlo
  • Quien desee afirmar que algo es imposible deberá demostrarlo

La última es posiblemente la más curiosa, pero se resume en lo siguiente: Si se dice que algo es utópico o imposible, basta con ver si incumple alguna ley física o lógica. Si no es así, es posible y la afirmación pasa automáticamente del “X es imposible” al mucho más humilde “X es muy difícil”. Las pruebas de imposibilidad en ciencia son una rareza, y están bastante acotadas en su definición. Un ejemplo sería el Teorema de Carnot en termodinámica o el Teorema de Bell en cuántica.

Pasando al tema principal del post, mi objetivo es analizar los dos primeros casos: el de la violencia y el de la tradición. En primera aproximación, esté uno de acuerdo con ellos o no, los daré por sentados.

Ambos parecen funcionar bien en dominios excluyentes: Con el de la violencia, es el ladrón quien tendría que justificar el robo, y no el que lo sufre el que tendría que defender por qué no se le debe robar, por ejemplo.

De igual manera, si alguien quiere celebrar la Navidad y se le acerca otro diciéndole que no debería y que le de sus motivos; y en caso de no ser suficientes no lo haga, parece lógico que quien tenga que probar el que no deba celebrarse es el que se opone. O quien cuestione una norma de corrección lingüística generalmente aceptada deberá ser quien diga por qué merece cambiarse y no exigir al resto de la comunidad prueba de su corrección.

Y así con todos los casos que uno pueda imaginarse, las presunciones no parecen llevar a situaciones absurdas. Pero ¿Y si es una tradición violenta?

A lo largo de la Historia, se han venido dando y se dan tradiciones (en sentido amplio) violentas: Desde la esclavitud y la ablación… hasta el boxeo y los azotes correctivos paternales. A primera vista, los dos primeros parecen merecer desaproación, mientras que los dos últimos no (si bien para algunos el último habría que englobarlo con los dos primeros). Veamos algunos casos

  • ¿Por qué le has dado un cachete a tu hijo? Para que aprenda que X está mal; además, es algo medido, no deja secuelas a largo plazo y no hay evidencia científica fuerte de que no sea así. Vale.
  • ¿Por qué le das golpes a ese otro tío en el ring? Porque nos hemos puesto de acuerdo para hacer eso, con ciertas reglas.
  • ¿Por qué tienes un esclavo? Le capturé en el pueblo de al lado. Tuve suerte: trabaja bastante bien. Ya, pero ¿No está mal? ¡No! Es algo que hemos hecho siempre. Unos esclavizan y otros son esclavizados. La vida es así.
  • ¿Por qué mutilas a tu hija? Porque es lo que siempre hemos hecho, y además es más limpio, mantiene a las mujeres castas y puras y así lo pide Dios.

En todos ellos, aplicando primero la presunción contra la violencia, el que la aplica debe justificarse: En los dos últimos casos las excusas dadas no las aceptaríamos como válidas. Aplicando la presunción a favor de la tradición, los dos primeros casos no nos presentarían problemas, pero nos plantaríamos ante la situación de que tendríamos que demostrarle al esclavista que lo que hace está mal. ¿Cómo salimos de esa? Diciéndole ¿Estás aplicando violencia injustificadamente? Podría responder: Es tradición, está justificada. ¿Y ahora qué?

No se me ocurren casos donde sea absurdo aplicar la presunción contra la violencia antes que la presunción a favor de la tradición que resulten absurdos.

La presunción de inocencia surge del hecho de que la mayoría de personas son inocentes, y tiene más sentido asumir que una persona dada es inocente que culpable. Igualmente, la mayoría de los empleos de violencia son malos, y la mayoría de las tradiciones son buenas. ¿Y las tradiciones violentas? (Entendiendo tradiciones como el status quo) Violencia siempre ha habido y es muy difícil que deje de haberla. Pero si uno lista todas las instancias de cosas que llevan ocurriendo desde siempre y que emplean violencia, se encontrará, creo, con asesinatos, robos, violaciones, guerras injustificadas (y variantes de los anteriores) en mayor proporción que cachetes, campeonatos de boxeo o instancias donde una parte en un contrato termina por requerir el uso de violencia para obligar a su cumplimiento.

Por lo expuesto, parece más razonable que tenga más sentido pedir explicaciones al violento tradicional que el serle exigidas las mismas a su cuestionador. De cara a una argumentación destinada a convencer a otros, además, tiene interesante como punto de partida que la mayoría de la gente acepta que sea así.

No aceptar la supremacía de la presunción contra la violencia viene a significar que se le hace una excepción ad hoc respecto al resto de presunciones e implica la imposibilidad de seguir una conversación sobre el tema con otro, ya que ambas partes se exigirán mutuamente pruebas. La conversación vendría a tener dos formas cerradas:

  • X está en principio mal porque es violento, demuestra por qué no. No, no, X es una tradición. Demuestra por qué deberíamos abandonarla. Porque es violenta. No me parece razón suficiente.
  • X está bien en principio porque es una tradición, demuestra por qué no. Porque es injustificadamente violenta. No me parece razón suficiente.

Si se quiere negar que la violencia es en principio mala, puede aplicarse el análisis a casos particulares más claros: despojar a una persona de sus propiedades está en principio mal o coartar la libertad de una persona encerrándola en una celda está en principio mal. En ambos casos sólo se ven como resultados aceptables para circunstancias muy particulares. O incluso, que si se puede lograr un fin de una manera A menos violenta que con una manera B, es preferible A, céteris páribus. (El caso de la circuncisión: un caso de aplicación de violencia por tradición realizado no por maldad, con consecuencias mínimas (Salvo que algún paper demuestre lo contrario): y lógicamente no se puede circuncidar sin circuncidar)

Y si se niega también eso, que no hay nada malo en principio en lo anterior, no cabe más debate. Estaríamos ante un problema cuya solución no sé encontrar,.

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1 Response to Tradición y violencia

  1. Pingback: La violencia en la actualidad I | La humanidad explicada

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